Acerca de los pobres, los ricos y el cielo portátil

Max Hurtado Mendoza

Estando en semana santa, encontré en la Biblia dos pasajes relacionados entre sí. El primero afirma que… “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja antes que un rico entre en el Reino de los Cielos”.

El segundo establece que son… “bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”.

Un profano en estas lecturas, como yo, deriva de la conjunción de estas palabras que hay sólo tres opciones para el ser humano:

Ser pobre material y sobrevivir a como pueda.

Ser “pobre de espíritu” y vivir a como lo entienda, con la conformidad de que le espera el Reino de los Cielos como recompensa por vivir así.

Ser rico y vivir a su gusto.

La Biblia no explica qué significa exactamente ser “pobre de espíritu”. En cambio, está bien claro lo que es ser “pobre material”, porque se vive en carne propia todos los días.

En cuanto a la tercera opción, el primer pasaje condena al rico a quedar excluido del Reino de los Cielos, imaginado como un ambiente donde no existen sufrimientos por carencias físicas o materiales. (Fíjense bien que, en contraste, no se garantiza al pobre la entrada al Reino de los Cielos sólo por el hecho de ser pobre).

Frente a esto, cabe preguntarse: ¿qué hay de malo en ser rico?

Me parece que condenar a un rico sólo por el hecho de serlo, es una injusticia que cometen los autores que escribieron la Biblia (conste que no estoy defendiendo a los ricos, porque no soy uno de ellos, aunque confieso que me gustaría serlo).

Pero, pensándolo bien, ¿qué necesidad tienen los ricos de entrar a ningún reino de los cielos, si aquí en la tierra ellos ya tienen su propio cielo?

Bastaría con echar un vistazo a su vida: Ellos tienen poder, viven en mansiones y están rodeados de servidumbre y comodidades. Suculentas comidas son comunes en su mesa, tienen las mujeres más finas y gozan de los mejores cuidados médicos. Viajan adonde les place y vuelven cuando quieren. Con sus tarjetas de crédito pueden consumir prácticamente en cualquier parte del planeta. En otras palabras, tienen su cielo donde quiera que vayan.

Con una vida como ésta, ¿para qué quieren cielo después de la muerte?

Por otro lado, vean qué le pasa al pobre material:

A éste le ha tocado la peor parte del juego. Resulta que este espécimen del género humano pasa la mayor parte de su vida angustiado por las presiones económicas; las estrecheces de su hogar y los problemas que lo acosan en la calle no lo dejan en paz.

Ensombrecido por su oscuro nacimiento y estigmatizado por ser pobre, camina por el mundo cargando a cuestas el desprecio de otros hombres, incluso menos pobres que él. Es calumniado y maltratado por la desconfianza ajena y por último, traicionado hasta por los de su casa. Si no está refugiado en el alcohol, sus ratos de bienestar o sosiego son contados, cuando los llega a tener.

Se pensaría que este infeliz al fin recibe descanso al momento de su muerte, pero el Apocalipsis le tiene reservado un lugar en el “Lago de Fuego y Azufre” para continuar padeciendo por tiempo indefinido su anónimo, masificado y triste calvario.

Es como si de antemano le tuvieran preparado un doble castigo: infierno aquí en la tierra, más infierno en otra parte.

¿Cuáles serán, entonces, las soluciones para cada grupo humano?

Me parece que para ambos, el pobre y el rico creyentes, sería tratar de descifrar el significado de ser “pobre de espíritu” y ver si pueden sobrellevar la carga. Probablemente ganen algo.

Existe el rico que cree no tener la culpa de haber nacido rico (y que, además, tiene la conciencia tranquila porque no ha aumentado sus riquezas por medio del contrabando, la corrupción u otras vías ilícitas). Este hombre siente que no merece ningún castigo y por lo tanto, encontrará lógico seguir disfrutando de sus millones, ya que sería tonto no hacerlo.

Para el pobre material que no cree en premios después de la muerte, las únicas salidas parecen ser dos, a saber:

Plegarse al medio que lo rodea y sobrevivir como el camaleón, siguiendo el refrán que dice: “Haz dinero honradamente y si no, a como puedas”. Sólo que vivir como sombra no es nada digno ni edificante.

Asociarse con otros pobres iguales a él, formar un frente común y encarar juntos al medio que les es hostil. Sólo luchando contra el medio y venciéndolo, podrán recuperar lo que por derecho propio y por derecho humano les pertenece desde tiempos antiguos y se les ha estado negando por egoísmo y por vanidad. Esto los hace ser hombres.

El autor es vicepresidente del Partido Socialcristiano Nicaragüense.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí