El poder del estómago

Joaquín A. Pastora

De la conversación con un distinguido galeno surgió esta frase: “El estómago es el órgano rector de la política criolla”.

En el intercambio de opiniones sobre la situación no era el erudito en los moldes del alma, sino el versado en medir la diferencia entre las cuitas y las venturas del sistema digestivo.

Respecto de la conducta de nuestros “dirigentes”, la conclusión fue que el país se llena de ambiciosos.

Condeno y lamento la conducta negativa de quienes obligados a querer más a Nicaragua, le meten la mano al bolsillo.

Lo peor es que como el Barrabás en la era del sacrificio, andan libres, “pavoneándose” y con el “buche” lleno. Se les van las manos, los pies y la cabeza. No pueden controlar las cuerdas tentadoras del estómago.

La frondosa expansión de éste y la libertina exhibición de las plumas ajenas es una de las características del escenario de la “política criolla”. Muchos de los altos empleados públicos van más allá de la pasión al derrochar —sin recato alguno— los fondos de cada sumergido nicaragüense.

No es el rito de la luz, provechoso para quienes se la ganan. Lo prevaleciente es el oportunismo fundamentado en la tesis de cristal de presentarse como servidores cuando son todo lo contrario.

La presunción de decir con retórica camandulera que son los redentores del Estado y de sus habitantes cuando las evidencias son otras, es un acto que no convence al nicaragüense en sus tardes apagadas por cada desmayo aritmético del sol.

A partir de la tal revolución el estómago comenzó a ser “el órgano rector de la política criolla”. En la época de los Somoza, puestos como buenos por la cruda realidad que los siguió (“de rodillas me van a pedir que vuelva”, dijo el último) los austeros vienen a ocupar la minoría.

No en acorde con la tesis nostálgica de que “todo tiempo pasado fue mejor”, siento con mayor discreción a los favorecidos por los “reyes de turno” de aquellos tiempos.

Nunca fue imaginable que posteriormente con la trágica hipótesis de la salvación, la cultura fisiológica del estómago gozase o sufriera transformaciones asombrosas como las de volar del “ronroneo” bilioso al mundo donde ordena con voz de magnate alquilado por las circunstancias. Cuando el estómago se siente vacío, rompe la discreción. Los petardos parecen ser las voces de su idioma.

El apetito de los políticos es insaciable. Es ninfómano. Pelean con el vigor que no tienen para defender al pueblo, la reducción de un centavo de gasolina. Justifican sus privilegios con la “capa y la espada” del galillo, porque son los beneficiarios de un nuevo estilo de vida que nunca tuvieron cuando estaban en la llanura.

La mayoría de los nicaragüenses resuelve sus problemas con una “miga”. Mas, en el caso de los políticos conformarse con eso no conduce a nada. El estómago dicen los “gastro-sapiente” tiene la forma de una “jota”. Varía su animosidad según esté llena o vacía la víscera. Influye en el carácter: “barriga llena, corazón contento”.

El órgano en vez de ser parte del universo digestivo se ha convertido en señor con categoría de ordenanza de la República.

Mientras tanto al otro lado del muro, el Fermín de Guillén, seco, sin agua de beber y con las quijadas desoladas, aguarda y se sostiene con “los brazos en cruz”.

El autor es periodista.  

Editorial
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