En los últimos días hemos publicado informaciones sobre las actividades del nuevo titular de la Secretaría de Asuntos Políticos de la Presidencia de la República, el ex vicepresidente de la República en tiempos de la dinastía somocista, Alfonso Callejas Deshón.
Desde que asumió sus funciones el secretario Callejas Deshón —hace menos de un mes— se ha dedicado a reunirse con representantes de varios pequeños grupos liberales disidentes del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), y a promover su unificación. Sin embargo, hasta la fecha no lo ha hecho con el mayoritario PLC (al parecer porque éste no lo ha querido), que sigue todavía al ex presidente Arnoldo Alemán pese a que éste se encuentra encarcelado en su casa, esperando un juicio de jurados por corrupción.
Las actividades partidistas del Secretario Político de la Presidencia han provocado una intensa controversia, incluyendo a los mismos liberales, entre los cuales el diputado y vicepresidente del PLC arnoldista, Wilfredo Navarro, quien dijo a LA PRENSA que con sus actividades Callejas Deshón está haciendo una descarada confusión de intereses Estado-partido.
Tiene razón Navarro. Por su parte, el diputado Edwin Castro, jefe de la bancada legislativa del FSLN (partido que cuando gobernó de 1979 a 1990 llevó la confusión de intereses Estado-partido a su máxima expresión), señaló que “volvemos a cometer los errores de la confusión partido-gobierno que tanto criticaban ellos al sandinismo”.
Sin embargo el vocero del presidente Enrique Bolaños, Joel Gutiérrez, justificó las actividades partidistas liberales del Secretario Político de la Presidencia de la República, con el argumento de que “es un asunto de gobierno buscar consenso liberal que apoye la gestión presidencial en el Legislativo”.
Ahora bien, desde el punto de vista legal, qué es lo que vale, ¿cuáles son en realidad las funciones de la Secretaría Política de la Presidencia de la República?
Buscamos esta información en el sitio electrónico de la Presidencia de la República, pero sólo encontramos propaganda del Presidente Enrique Bolaños. Además, en la lista de secretarías y secretarios de la Presidencia están todos, menos la Secretaría de Asuntos Políticos ni el nombre de Callejas Deshón, lo que sin dudas no se debe a que dicha página electrónica está obsoleta, pues allí están los nombres de los recientemente designados ministro de Gobernación (Eduardo Urcuyo) y vice ministra de Economía (Vilma Rosa León).
Las secretarías de la Presidencia de la República no son constitucionales; fueron creadas por el ex presidente Arnoldo Alemán en la Ley 290 (Ley de Organización, Competencia y Procedimientos del Poder Ejecutivo), para tener más cargos y prebendas que repartir entre sus correligionarios, amigos y familiares. Pero Alemán no creó la Secretaría de Asuntos Políticos. Esta fue una invención del actual Presidente Enrique Bolaños, en septiembre del año pasado, para colocar en ella al fuerte adversario liberal de Arnoldo Alemán, José Antonio Alvarado. Sin embargo, en el Acuerdo Presidencial correspondiente (Gaceta No. 180 del 24 de septiembre de 2002), no se le atribuye ninguna función, o sea que es una Secretaria insólitamente discrecional.
En aquella ocasión, el propio secretario Alvarado se autoatribuyó sus funciones, y dijo que promovería las relaciones entre los poderes del Estado, crearía “puentes de comunicación de la Presidencia con los diferentes sectores políticos”, haría “lobby” para armonizar a los sectores público y privado, y en general, asistiría al Presidente en las diversas funciones de carácter político. Realmente lo que se esperaba de dicha Secretaría era que consiguiera respaldo parlamentario para el Ejecutivo, pero la verdad es que no pudo hacer nada en ese sentido.
Ahora que el Presidente Bolaños nombró a otro Secretario Político, éste, en vez de ejecutar actividades institucionales de interés de toda la sociedad, se ha dedicado a tareas estrictamente partidistas, pero devengando un sueldo de ministro que es pagado por todos los ciudadanos nicaragüenses (liberales, sandinistas, conservadores, de otros partido y sin partido, que son la mayoría), no solamente las personas que pertenecen a los grupos liberales y votan al liberalismo.
Eso es confusión de intereses del partido con los del Estado. Y no sólo eso, sino también una de la muchas formas de corrupción que se practica en el ejercicio del poder y que agrava la situación de pobreza material y espiritual que sufre la población.