“Inclino mi rey ante doña Gioconda Belli”

Edmundo Dávila Castellón

Leí con mucho interés en LA PRENSA del domingo 30 de marzo, la constructiva y respetuosa crítica que la gran poetisa y escritora nicaragüense, Gioconda Belli, hizo sobre mi artículo;“La violación y la vestimenta femenina”.

Agradezco sinceramente a doña Gioconda haberse interesado por mis reflexiones al respecto, que yo mismo previamente tildé de “intrascendentes”, pues creí que mis palabras tendrían el mismo efecto que “predicar en el desierto”.

Entre los diversos mensajes recibidos y publicaciones sobre mi artículo citado, pude apreciar, de manera preferencial, los comentarios tan amenos, atildados y convincentes de Gioconda Belli, una mujer famosa, elegante y admirable, tanto en lo personal, como intelectualmente.

No obstante, quisiera hacerle a doña Gioconda algunas breves aclaraciones:

En primer lugar, que algunos lectores del artículo citado han tratado de endilgarme injustamente las frases recriminatorias y controversiales del cardenal mexicano Juan Sandoval Iñíquez, que se expresa sobre las mujeres cuya “manera de vestirse es provocativa”, a las que exige “sean más decentes y pongan de su parte”, etc., relacionado con los ataques sexuales en México.

La verdad es que yo me limité a transcribir las palabras textuales de dicho jerarca católico, a modo de introducción de mi artículo, aunque esto no implica necesariamente que esté “completamente” de acuerdo con el religioso. Tampoco afirmo que la vestimenta de las mujeres sea la única causa de violación carnal, ya que existen otros factores concomitantes, pero estaban fuera del tema que estaba tratando.

Por otra parte, con las declaraciones del cardenal Sandoval traté de establecer una clasificación, una “tipología” (elogiosa) de ciertas mujeres que pudieran adaptarse a las atrevidas y radicales teorías del jerarca. Por lo que aclaro hasta aquí, creo que el interesado tendría que interpelar al cardenal mexicano para conocer las razones que le impulsaron a declararse “en contra” de las mujeres que no se visten recatadamente.

Cuando dije en mi escrito que “no parece ser el sexo el factor predominante” en la actitud repudiable de los violadores, exponiendo otras motivaciones psicológicas de estos aberrados, aquí terminé de ocuparme de ellos. De allí en adelante me refiero a los hombres en general, como puede apreciarse fácilmente continuando la lectura.

Doña Gioconda ve como algo insólito que una mujer pueda violar a un hombre y se pregunta si yo ya he pensado en eso. En Estados Unidos, por ejemplo, se han presentado acusaciones de ese tipo, incluso de violaciones de esposas a maridos, que son debidamente atendidas por las autoridades competentes, porque allá se cumplen las leyes y aquí, lamentablemente, ello sería motivo de risa.

Me causó cierta simpatía e hilaridad la feliz ocurrencia de doña Gioconda, en cuanto a que varias mujeres atrapen a un hombre “sexy” en un callejón oscuro para violarlo. Si la violación la lleva a cabo el hombre, es simplemente por su estructura física y su fuerza en relación con la mujer, atributos que naturalmente facilitan tal aberración.

El hecho que el hombre sea siempre el que lleve como onerosa carga la supremacía en los deseos libidinosos, se debe simplemente a que es un ser activo y “tiene las hormonas alborotadas”, en un grado muy superior en tiempo e intensidad al de la mujer promedio, que es en general, por su pasividad, mucho más quieta y sosegada en este aspecto, excepto aquéllas con fuertes inquietudes pseudo-patológicas, como la llamada ninfomanía.

En cuanto a la palabra “machismo”, que doña Gioconda emplea como una causa de violación, esto yo lo explico “a mi manera”, cuando hablo de la crueldad y el sadismo de los violadores carnales, aunque pienso que la palabra “machismo” debiera ser más bien sinónimo de “salvajismo”. En los mamíferos, entiendo que el macho no viola a la hembra, sino que el acoplamiento de la pareja se realiza “de común acuerdo”, de tal manera que el término violación viene a ser privativo de los hombres.

Confieso a doña Gioconda que su artículo me agradó sobremanera, leyéndolo y releyéndolo repetidas veces, hasta compenetrarme completamente del mismo. Sus aportaciones, complementarias a mis “meditaciones”, como ella las llama, aunque difieran un poco de mis ideas, me resultaron muy claras, analíticas y agradables. Creo, finalmente, que estamos acordes en casi todo lo que expone, esperando que ahora ya pueda comprenderme mejor.

Pero sea como fuere, ante doña Gioconda, prefiero inclinar respetuosamente mi rey y de todo corazón, con mi mayor sinceridad, exteriorizarle mi más ferviente admiración y aprecio.

El autor es ingeniero civil.  

Editorial
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