Emilio Alvarez Montalván
Una de las posiciones más criticadas de la ONU es su sometimiento a las presiones de tipo político-sectario de las grandes potencias.
Ello se vuelve más irritante cuando se trata de actitudes discriminatorias que afectan a la salud mundial.
Me refiero específicamente al veto reiterado de China comunista al ingreso de la República China insular a la Organización Mundial de la Salud.
Esa negativa es totalmente injusta y está demostrando su peligrosidad al presentarse la actual epidemia de neumonía grave. Esta contagiosa enfermedad de alta mortalidad apareció en China continental hace dos años, y no fue reportada inmediatamente. Después pasó a Viet Nam, Hong Kong, Singapur, y en el continente americano, a Toronto, Canadá.
El riesgo de excluir a Taiwan del registro global de enfermedades que lleva la ONU, es que por una parte se priva a un Estado de 23 millones de personas del beneficio de las facilidades que ofrece el sistema mundial de salud para controlar casos de rápida extensión, como el SRAG.
En segundo lugar no aprovecha la OMS la capacidad instalada en laboratorios médicos modernos que dispone Taiwán, para conocer más de esa rara neumonía. Esa actitud discriminatoria es grave, tratándose de una enfermedad epidémica que amenaza extenderse a todo el planeta y cuya naturaleza y control está sujeta todavía a exhaustivas investigaciones, a las que podría aportar Taiwan muchos recursos.
En ese sentido, esa exclusión, que tiene ya tres décadas de repetirse contradice el derecho a una “salud para todos”. Hay que recordar que cuando en 1998 hubo un brote de afecciones virales que mató a casi un centenar de niños en Taiwan, este país se vio imposibilitado de obtener asistencia oficial pronta de la OMS. Asimismo, aquella organización mundial se resiste a suministrar a Taiwan ayuda en base información sobre el SIDA, debido a presiones del gobierno de China comunista.
Aún más, cuando el 21 de septiembre de 1999 China insular sufrió un devastador terremoto en Taipei, la asistencia humanitaria y oportuna de la Cruz Roja Internacional se demoró debido a las intrigas de Beijing. Esos ejemplos muestran que en la comunidad global interdependiente en la que vivimos, donde no deben caber mezquindades, Taiwan no solamente tiene derecho a unirse a la OMS sino que está en posición de suministrar a ésta valiosos recursos técnicos y financieros.
En estos momentos, lo único que se conoce del síndrome neumónico atípico es que lo causa un coronavirus o metaneumovirus cultivable en medios especiales.
Son sus síntomas fiebre alta, tos, dificultades respiratorias e imágenes radiológicas de una neumonía atípica, con ocho días de incubación. En Nicaragua no se han descubierto casos, sin embargo el MINSA ha publicado boletines de alerta.
Espero que en la reunión próxima de OMS se acepte a Taiwan, como recomienda el presidente internacional de cirujanos en Ginebra, Tommy G Thompson, secretario de salud y recursos humanos. La salud y el humanismo no reconocen fronteras.
El autor es médico y analista político.