Los amigos se escogen

La Cancillería de Nicaragua condenó mediante un comunicado la mortal campaña represiva desatada últimamente por el régimen comunista de Cuba, incluyendo el fusilamiento de tres ciudadanos que trataban de escaparse hacia Estados Unidos de Norteamérica.

“Las violaciones a los derechos humanos, cuando se realizan de manera grave, masiva y sistemática, donde quiera que éstas tengan lugar, conciernen a todos los países del mundo que tenemos un interés colectivo especial en su protección, como valores y principios universales que rigen para el conjunto de países de Naciones Unidas”, dice el comunicado de la Cancillería nicaragüense.

En realidad, la represión del gobierno cubano contra periodistas independientes y disidentes políticos (condenados hasta a 30 años de prisión), y contra ciudadanos que simplemente quieren emigrar en busca de mejores condiciones de existencia, es un desafío a la comunidad democrática internacional y una ofensa a la dignidad del género humano.

El régimen comunista de Cuba se rasgó las vestiduras condenando a Estados Unidos e Inglaterra, porque estos invadieron Irak para derrocar a la dictadura terrorista de Saddam Hussein sin el consentimiento de la ONU. Sin embargo el gobierno castrista pisotea el principio esencial de la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, de que “todo individuo tiene derecho a la vida”.

Pero la declaración de la Cancillería nicaragüense contra la represión en Cuba se queda en la simple retórica. Es cierto que peor sería que el gobierno de Nicaragua guardara silencio ante la terrible represión que hay en Cuba; ya no digamos que la hubiera avalado, como han hecho los sandinistas, que una vez más demuestran con sus hechos que no han cambiado positivamente para nada, a pesar de que algunas personas pretenden hacernos creer que en Nicaragua ya no hay “dicotomía” entre izquierda y derecha, como llaman en general a la opción de todos los que abogan por la democracia y la libertad.

En realidad, la identificación de los sandinistas (es decir, de la izquierda de Nicaragua) con la derrocada tiranía de Saddam Hussein y con la represión totalitaria que practica la dictadura comunista de Cuba, demuestra que si el FSLN regresara al poder volvería a liquidar la libertad de prensa, restablecería los delitos de opinión y perseguiría y reprimiría a los disidentes de su gobierno.

Al respecto hay que reconocer la valentía del social cristiano Agustín Jarquín, diputado suplente de Daniel Ortega, quien a pesar de que su partido es el principal aliado del FSLN envió una carta a Fidel Castro expresándole su desacuerdo con la represión, aunque al mismo tiempo acusó de “torpe y brutal” al gobierno de Estados Unidos por el “bloqueo” que impone al régimen totalitario de La Habana.

Los adversarios de Agustín Jarquín dentro del mismo movimiento social cristiano de Nicaragua, consideran que su actitud de rebelarse de esa manera al FSLN es porque ya está convencido de que no tiene posibilidad de obtener el apoyo sandinista para su aspiración a ser alcalde Managua (pues el Frente Sandinista ya se habría decidido por Dionisio Marenco, quien es un cuadro partidista ortodoxo muy allegado al comandante Daniel Ortega). Y por otra parte, la protesta de Jarquín ante Fidel Castro (matizada con la condena a Estados Unidos por el “bloqueo”) fue también motivada por la competencia con sus adversarios socialcristianos, que tienen una posición categóricamente anti-comunista y por lo tanto anti-sandinista. En efecto, los grupos socialcristianos nicaragüenses adversarios de Jarquín, que no son pro sandinistas, no expresaron un tímido “desacuerdo” con la represión en Cuba, sino que la condenaron abiertamente.

Como sea, no deja de ser meritoria la actitud del diputado suplente Agustín Jarquín, de manifestar su desacuerdo con la brutal represión que hay en Cuba, aunque lo mejor sería que rompiera con los adláteres de Castro en Nicaragua quienes aplauden la represión comunista y quisieran volver a practicarla en Nicaragua.

Y así también el gobierno de Nicaragua debería pasar de la retórica a los hechos, y al menos congelar las relaciones diplomáticas con Cuba. En realidad, del mismo modo que las personas honorables escogen a sus amigos sólo entre gente decente, los gobernantes democráticos y libertarios únicamente deberían tener relaciones con quienes respetan los derechos, la libertad y la dignidad de las personas humanas.  

Editorial
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