Alondra Vanegas
Como nicaragüense que soy por gracia de Dios me duele mucho ver a compatriotas que van a una guerra que no les pertenece, una guerra innecesaria que se pudo evitar. Era una niña de 11 años pero recuerdo a muchos padres enviando a sus hijos a los Estados Unidos para que no participaran en el temible Servicio Militar Patriótico. En lo personal jamás estuve de acuerdo que existiera el SMP. Aún con la poca edad que tenía en ese tiempo todavía tengo en mi mente cómo lloraban las madres por sus hijos con la duda de volverlos a ver con vida. También recuerdo cómo los sacaban de sus casas para llevarlos con el pretexto de que eran “hijos de Sandino”, y lo más triste era ver que muchos jóvenes que no volvieron con vida. Cómo es de irónica la vida, ahora casi todos los jóvenes (algunos ya mayores) que sus padres enviaron huyendo de la guerra que en ese tiempo existía en Nicaragua, ahora defienden un país que no es el de ellos, por muy ciudadanos estadounidenses que se hayan vuelto. Ese mismo país que los manda a pelear es el mismo que ayudaba a la Contra para que matara a los jóvenes nicaragüenses que estaban en las filas del SMP, los cuales eran reclutados por la fuerza o por su propia voluntad (los que eran fanáticos sandinistas). Yo sé que muchos tal vez no quieren ir a la guerra, pero lo triste es que muere gente inocente, y por muchas guerras que vayan a pelear por los norteamericanos siempre seguirá el racismo por el simple hecho de ser latino.
En toda guerra hay víctimas, como siempre son los niños pues la mayoría quedan huérfanos, las mujeres son violadas y de esas violaciones nacen niños no deseados. Todos somos víctimas de la guerra, algunos se van huyendo de su patria pero tarde o temprano les toca vivir las angustias que aquélla nos trae.