- Oswaldo Payá no se arredra ante represión comunista
EFE
LA HABANA.- Los procesos sumarísimos contra UNOS 80 disidentes y sus “arbitrarias” condenas en Cuba “no harán mas que acelerar los cambios hacia la democracia”, porque son una expresión de “miedo e inseguridad” del gobierno cubano, según el opositor Oswaldo Payá.
Payá, en declaraciones a EFE, calificó los juicios contra disidentes como “procesos arbitrarios” y se mostró convencido de que, a pesar del golpe que ha recibido la oposición, en breve surgirá un gran movimiento ciudadano que propiciará los cambios.
El líder del Movimiento Cristiano Liberación insistió en que el Proyecto Varela, una propuesta para celebrar un referéndum sobre reformas de apertura política y económica, es una iniciativa surgida íntegramente en Cuba y apoyada por el pueblo cubano.
Payá, que el pasado mayo presentó 11,020 firmas de apoyo al Proyecto Varela ante el Parlamento cubano, aseguró que no recibió ayuda exterior para hacerlo.
El opositor respondió así al ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Pérez Roque, quien, en un encuentro con la prensa, se refirió ayer a una carta en la que se apuntaba que supuestos altos funcionarios españoles estarían interesados en el Proyecto.
Pérez Roque, a preguntas de la prensa, no precisó ni de qué funcionarios se trataba ni cuál sería concretamente el objetivo de su interés.
“Es mentira que el Proyecto Varela fuera concebido fuera. Redacté el Proyecto Varela en el año 96; en el año 97 estábamos recogiendo firmas; en el 98, decenas de periodistas de televisión y prensa escrita lo recibieron y hablamos de ello durante la visita del Papa” (enero de 1998), dijo Payá a EFE.
El líder del MCL denunció la “arbitrariedad” de los juicios contra disidentes y las “presiones internas” y “amenazas” que supuestamente han recibido muchos de ellos y rechazó los argumentos ofrecidos ayer por el canciller para justificar los procesos.
Pérez Roque argumentó que estaba en juego la independencia de Cuba ante un aumento de la hostilidad de Washington y explicó que el gobierno cubano había sido paciente pero no podía seguir aguantando una situación “insostenible” agravada por el comportamiento del jefe de la Sección de Intereses de EEUU en La Habana, James Cason.
El canciller acusó a EEUU de crear y financiar los “grupúsculos contrarrevolucionarios” y “mercenarios”, como se refirió a la disidencia, y de trabajar para anexionarse Cuba ante una hipotética caída de la revolución.