Fabián Ruiz Ramírez
En los últimos días he leído en los diarios que la “excelentísima Corte Suprema de Justicia (CSJ)” pretende procesar al señor Procurador General de la República, lo que me ha llenado de asombro, pues soy de los que tienen la percepción que ha sido uno de los pocos funcionarios públicos que ha realizado un trabajo ejemplar, por promover justicia y tratar de defender los intereses del Estado.
En un país en democracia es del conocimiento de todos que la libertad de expresión es un valor irrenunciable y sin éste la democracia sería inútil. Debe recordarse que al pueblo ese valor le ha costado sangre y sacrificios por lo que cualquier prepotencia que atente contra ella es un hecho muy delicado, más cuando se goza por costumbre y de hecho de una libertad irrestricta de expresión muy bien ganada.
Bien se dice en buen nicaragüense que “lo que es bueno para el ganso es bueno para la gansa”. Y me pregunto: ¿Qué corona tiene la CSJ para que no se les diga la opinión que se tiene de ella? Es de todos sabido que el sistema judicial es una institución inútil, inoperante, corrupta, retrógrada, obstaculizadora del desarrollo del país. Desde las recepcionistas de las oficinas de justicia, hasta los señores magistrados no es un desconocimiento que hay que pagarles, hasta al que abre la puerta de una oficina para que los trámites puedan agilizarse. Que todos los magistrados están en entredicho, algunos más que otros. Al secretario de actuaciones hay que darle, regalías y hasta descaradamente dicen: “Ayer fue mi cumpleaños ¿qué me trajiste?” El señor juez dice que “son tantos (billetes) por esa gestión”, o “ponete de acuerdo con el secretario”.
Los abogados, por su parte, para “agilizar”, comentan que “hay que arreglarse con alguien adentro, sino este juicio se estanca”; “si estás en condiciones nos podemos arreglar con el juez de una vez, pero ya sabés que ése cuesta más, sino nos vamos con el secretario”. Los magistrados son especialistas en atrasar los trámites, acostumbran dormir el sueño de los justos. La firma de un documento puede durar hasta más de un año, y ahora que la Corte tiene más miembros en vez de ser más ágiles los procesos, son más tardados. Y los que “no se mueven por dinero” están condicionados a los compromisos políticos. Entonces hay que buscar un padrino que le envíe una “notita” para que atienda a la persona que lo necesita.
¿Por qué enjuiciar o sancionar al procurador Francisco Fiallos? Sólo será porque les chimó el zapato. Creo que los últimos esfuerzos por lavarse un poco la cara han sido por estas críticas o escándalos salidos de control. Es vergonzoso que algunos magistrados se den por aludidos y traten de encubrir lo que no se puede cubrir.
Mejor deberían dirigir sus esfuerzos a alcanzar la modernización del sistema judicial; a reducir los gastos superfluos; a velar porque la justicia deje de tener apellidos, color o bandera; a bajar los jugosos salarios y renunciar a las inmorales e ilegales pensiones; a hacer más modestos sus ostentosos despachos.
El desarrollo económico tan ansiado de la nación como la tan esperada inversión extranjera, pasa por la garantía y confianza en la justicia. De qué sirve tener la mejor ley de derechos de autor de América Latina, un nuevo código procesal penal, una nueva ley de tránsito, si el sistema encargado de la administración de estos instrumentos legales está podrido. Hay que hacer patria edificando un verdadero sistema de justicia que inspire confianza al pueblo.
El autor es abogado.