No decía palabras

Carlos Romero Dedicado a S. Botero No decía palabras, tan sólo acercaba un cuerpo interrogante, porque ignoraba que «el deseo es una pregunta cuya respuesta no existe», una hoja cuya rama no existe, un mundo cuyo cielo no existe. La angustia lentamente se abre paso entre los huesos,remonta por las venas hasta abrirse en la […]

Carlos Romero

Dedicado a S. Botero

No decía palabras,
tan sólo acercaba un cuerpo interrogante,
porque ignoraba que «el deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe»,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.

La angustia lentamente se abre paso
entre los huesos,
remonta por las venas
hasta abrirse en la piel,
surtidores de sueño
hechos carne en interrogación
que dan un breve paseo por las altas nubes
de la imaginación.

Un roce al paso,
una mirada fugaz entre las sombras,
bastan para que el cuerpo se abra en dos,
ávido de recibir en sí mismo
otro cuerpo que sueñe;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne;
iguales en figura, iguales en amor,
iguales en deseo.
Aunque sólo sea una esperanza,
porque el deseo es una pregunta
cuya respuesta… nadie sabe.  

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