Desde las graderías también se celebró la coronación felina.

Explosión leonesa

Desborde por todas las calles de León Francisco Jarquín [email protected] Cayó el último out en el noveno inning, y después se manifestó el sentir de toda la afición leonesa, que desde tempranas horas de la mañana mostraba su optimismo y expectativas. En las calles, parques y el estadio de León, esa alegría no se hizo […]

  • Desborde por todas las calles de León

Francisco Jarquín [email protected]

Cayó el último out en el noveno inning, y después se manifestó el sentir de toda la afición leonesa, que desde tempranas horas de la mañana mostraba su optimismo y expectativas. En las calles, parques y el estadio de León, esa alegría no se hizo esperar.

El terreno de juego fue invadido de inmediato por centenares de fanáticos que se confundían con los jugadores del León, entre la algarabía, saltos, gritos, y el corrido que es el himno de los leoneses: “¡Viva León, jodido!

Y eso apenas fue el comienzo de lo que se convirtió más tarde en una celebración de toda una ciudad que se llenó de orgullo y creencia religiosa.

Pasó casi una hora y los jugadores no podían salir del estadio para trasladarse, tal como lo tenían planeado desde temprano, a la Iglesia de la Virgen de La Merced, para agradecerle a la Patrona de León, y ofrecerle una misa en acción de gracia por el título conseguido, el número 18 desde los años 30.

Con más dificultad que otra cosa, entre el mar de seguidores del equipo que llegaron al estadio y miles que se sumaron desde las afueras, el equipo y sus directivos comenzaron la proeza de caminar por las casi intransitables calles de León.

El coro: “…León puede ser abatido, pero nunca vencido, ¡viva León, jodido!’, se escuchaba como un eco por donde iba avanzando la manifestación deportiva, que se extendió a casi de diez cuadras, y cuadras leonesas, tan largas como se las puedan imaginar.

Ese mismo coro se escuchaba en las tribunas del estadio desde las dos de la tarde, tres horas antes que empezara el encuentro, cantado con la energía y la euforia de una barra convencida de que su equipo daría cuenta del Granada.

Ahora esos aficionados no persuadían al rival de su optimismo, sino que compartían con sus héroes deportivos la alegría del nuevo campeonato. Ya como a eso de las once de la noche llegaron a la Iglesia de La Merced, donde cumplieron su promesa, y más tarde se trasladaron nuevamente al Estadio “Héroes y Mártires”, esta vez para celebrar en una fiesta hasta el amanecer.  

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