Marlon Bermúdez
Los factores que hacen a la película “Chicago” extraordinaria, no son los seis premios de la Academia que ganó el domingo pasado, sino la similitud que guarda su desarrollo con la vida real, en especial, con lo que sucede actualmente en Nicaragua; con la sociedad, con sus instituciones y especialmente con el sistema judicial. Tal como aparece en el filme, a veces lo que ocurre en el país nos parece un circo de tres pistas, en donde los individuos procesados recurren a las más insólitas maromas para desviar el curso de la justicia: bandas gástricas, puntos de infarto, etc.
La exquisita metamorfosis de la realidad en un florido vodevil en “Chicago”, nos transporta a este mundo kafkiano al cual nos estamos acostumbrando: Reos que asisten al abrigo de la noche a servir de padrinos en una boda o bien navegan plácidamente en el Internet desde su celda. El discreto encanto de los sobreseídos buscando asesorías o el abogado que a falta de Armani luce su Tommy y se conforma con los pasos del Pirulino. A la par de una condecoración de parte del Gobierno de Nicaragua al productor de la cinta, debería pasar la Asamblea un proyecto de ley para que todos los nicaragüenses vean esa película.