Griselda Mejía permanece en cautiverio. Su madre construyó una celda en el fondo de su casa, para impedir que su hija salga a la calle. LA PRENSA/A. OLIVAS OLIVAS

Enferma mental bajo cautiverio

Vecinos claman por los derechos humanos de Griselda Mejía Martha Marina GonzálezCORRESPONSAL/ [email protected] Pocos se inmutan al verla, los niños vecinos no se extrañan de apreciarla todos los días desnuda y tras unos barrotes, al contrario, se compadecen y le llevan comida, se trata de la joven madre Griselda Mejía, quien lleva casi un año […]

  • Vecinos claman por los derechos humanos de Griselda Mejía

Martha Marina GonzálezCORRESPONSAL/ [email protected]

Pocos se inmutan al verla, los niños vecinos no se extrañan de apreciarla todos los días desnuda y tras unos barrotes, al contrario, se compadecen y le llevan comida, se trata de la joven madre Griselda Mejía, quien lleva casi un año de estar bajo llave por decisión de su madre, Fidelia Mejía

Uno de los cuartos de su casa de habitación, ubicada en el sector nueve de Somoto, se convirtió en una especie de cárcel para la joven mujer que sufre demencia, pues su madre diariamente la deja encerrada, sin alimentación, ni agua. La situación es dramática y cabe la interrogante ¿es que no hay instituciones que defiendan los derechos humanos de los enfermos mentales?

La joven podría morir tras los barrotes porque no recibe alimentación y carece de ropa. Está sometida a un cruel cautiverio. Se mantiene desnuda, sucia, duerme en el suelo y su cuerpo luce con picaduras de zancudos, pulgas y otros bichos.

La enferma mental está desnutrida y la persona que debería cuidar de ella, doña Fidelia Mejía, pasa durante todo el día vendiendo en la calle.

El caso fue expuesto a los funcionarios de Mifamilia y la Comisión de la Niñez. Cuando comenzó a enfermar, vecinos y líderes comunitarios del barrio gestionaron para la construcción de su casa, la que fue posible por el apoyo del entonces alcalde Manuel Maldonado y el hermanamiento de Vic España.

A juicio de Carlos Jiménez, urge que las autoridades rescaten a esta enferma mental y le den la debida protección.

Doña Martha Corrales, de la vecindad, asegura que la joven generalmente está desnuda, pues en el cuarto no hay cama ni ropa, refiere que cuando tenía más fuerza destruía la cama y la ropa que le daban.

Doña Martha está presta a pasarle el vaso de agua, y aunque tiene ocho niños, siempre le sobran dos tortillas para la enferma.

Los niños se acercan y le pasan mangos verdes para que se alimente, le llevan agua y comida, no se muestra agresiva y a veces balbucea algunas frases incoherentes.

También Carolina Corrales, explica que ante la falta de alimentos se ha acostumbrado a comer tierra, el cuarto está lleno de pulgas, ella era gordita, pero “la mamá la deja sola porque dice que tiene que trabajar para mantener al niño de la joven enferma, que tuvo producto de una violación”.

Al parecer, la madre no tiene recursos económicos ni la paciencia para atenderla y cuidarla. Cuando la mujer tiene hambre por las noches, le grita a la vecina: “Nena, dame comida, traeme pan”, manifiesta Corrales.

Franklin Corrales, cuenta que “la madre la deja solita, sale y se aparece hasta en la noche, ella tiene que soportar estar en medio del polvo, las pulgas, zancudos y piojos, la ha tirado al abandono”, resintió Franklin.

Don Ovidio Rivas siempre está preocupado por la situación de la mujer demente y aseguró que a pesar que el problema lo ha planteado a las autoridades locales, no han dado la atención adecuada, “es preocupante”, advirtió.

Una belleza que se desvaneció

Los vecinos aseguran que Griselda Mejía era una mujer hermosa, bonita, tuvo cuatro hijos, pero refieren que después que se la llevó un hombre apodado “El Campeón”, a Nueva Guinea, regresó enferma, creen que le hicieron “mal” y por eso enloqueció, tomó la calle y fue violada en varias ocasiones, quedando embarazada de su quinto hijo que hoy tiene año y medio de edad y está en poder de su familia.

-De acuerdo a especialistas, ella podría sufrir de una esquizofrenia que por su estado grave requiere hospitalización, debido a que prácticamente perdió la memoria y sólo tiene recuerdos vagos de sus hijos.

-Griselda Mejía perdió el sentido completo de la realidad, no manifiesta signos de expresión emocional, la voz es monótona y su rostro inmutable, no reacciona a la vida con la intensidad normal, ha perdido el contacto con ella misma.

-Adopta una postura rígida, no tiene relación con otras personas, su atención la dirige al interior del cuarto, actúa como una autómata, a veces es agresiva, sufre del aislamiento social, hay pobreza de lenguaje y actividad motora, presenta trastornos graves del pensamiento.  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí