- Ex primer ministro ruso
Primakov relata su encuentro
reciente con el dictador
Reuters
BAGDAD.- Cuando el diplomático ruso Yevgeny Primakov se reunió el mes pasado con el presidente iraquí, Saddam Hussein, le preguntó con mucho tacto que si consideraría el exilio para evitar una invasión de Estados Unidos y recibió una respuesta suave pero directa: “Nací en Irak y moriré en Irak».
Contrario a los informes que sugieren que Hussein está aislado e inconsciente de la realidad, el hombre fuerte de Irak sabe que se avecina una guerra y está esperando su destino, según Primakov.
Hussein, quien nació en 1937, creció bajo un sistema monárquico impuesto por Gran Bretaña en Irak. La monarquía fomentó lazos con una élite de terratenientes principalmente de la minoría de musulmanes sunitas que también suministró el grueso de un cuerpo de funcionarios cada vez más politizado.
A tono con la ola de nacionalismo árabe, los “oficiales libres” de Irak destronaron la monarquía en 1958 asesinando a la familia real y al entonces principal líder probritánico, Nuri al-Said.
Las próximas dos décadas vieron el gradual ascenso al poder de Hussein, quien se hizo presidente de la nación en 1979.
Saddam Hussein, cuyo nombre significa “embestidor”, se ha convertido en el rostro de Irak y ha dominado al país con mano de hierro durante 24 años. El culto a la personalidad prevalece en la nación iraquí.
«HÉROE» DE LOS ÁRABES
El diplomático ruso dijo que Hussein está bien informado, consciente de las amenazas y preparado para enfrentarlas.
“Saddam no se irá a ninguna parte y luchará hasta el final», dijo el ex primer ministro ruso Primakov, amigo de Hussein por mucho tiempo, según un diplomático occidental en Bagdad.
“Saddam siempre se ha visto a sí mismo como el héroe árabe de la Umma (nación) que se enfrenta a los invasores imperialistas. Quiere ser el último defensor del país, preservar su imagen heroica en la mente del pueblo», dijo el diplomático.
Admirador del ex dictador soviético Iósif Stalin, Hussein no es un ideólogo, pero apela sin dificultad al nacionalismo árabe, al Islam o al patriotismo iraquí para cementar su poder personal y el de su partido Baath.