- El doctor Humberto Solís Barker cuenta la singular anécdota que obligó al Papa Juan Pablo II a saludar a los miembros del gabinete sandinista en su primera visita hace 20 años. Fue el ímpetu religioso de Barker lo que dio pie a que Su Santidad se encontrara cara a cara, y amonestara, al padre Ernesto Cardenal
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El doctor Humberto Solís Barker, un católico fervoroso y practicante, no estaba dispuesto a perder la segunda oportunidad que el destino le daba para saludar a un Sumo Pontífice, de modo que la mañana del cuatro de marzo de 1983, no había poder celestial ni humano que le impidiera saludar al Papa Juan Pablo II en el Aeropuerto “Augusto C. Sandino”.
“Yo rompí el protocolo”, admite veinte años después, “yo no sabía nada de un acuerdo (protocolario) y aunque hubiera sabido, no hubiera dejado de saludar al Papa”.
Barker confirmó la anécdota desconocida por el público hasta que fue contada en el Suplemento “La Noche más Oscura: el Papa en la Nicaragua sandinista”, publicado por LA PRENSA, el martes pasado. El doctor Solís Barker se encontraba fuera del país cuando se preparó el suplemento pero llamó al Diario cuando leyó el reportaje porque en el mismo se daban cuatro versiones de cómo sucedió la histórica reprimenda, ya que no había unanimidad en los recuerdos de los protagonistas.
LA FALLIDA PRIMERA OPORTUNIDAD
Su determinación era razonable puesto que ocho años antes, en mayo de 1975, había viajado a Roma junto a un grupo de feligreses con la esperanza de entregarle una banderita de Nicaragua al Papa Pablo VI, sucesor de Juan XXIII, así que madrugó para hacer posta a la entrada de la Catedral de San Pedro, pero el destino fue tan desleal, que mientras corría para ser el primero en saludar al Papa, luego de abrirse la verja que contenía a los fieles, tropezó, cayó y se rompió el codo del brazo izquierdo, siendo llevado de emergencia al hospital, perdiendo así la oportunidad de ver al Santo Padre.
La banderita, tejida a mano por reos comunes, fue entregada al Papa por monseñor Leovigildo López Fitoria, a quien el doctor Solís Barker la hizo llegar por medio del padre Ricardo Chavarría, el sacerdote que lo socorrió al caer sobre las gradas de la Plaza de San Pedro, a pocos metros del umbral de la Catedral.
ESTRENABA LENTES BIFOCALES EN ROMA
El doctor Solís asume que en la Plaza de San Pedro equivocó el paso por culpa de los lentes bifocales que estrenaba ese día, los que no se le desprendieron porque al caer apoyó el codo sobre el filo de una de las gradas, evitando así un golpe en el rostro, pero ganándose una fractura memorable.
De manera que aquel cuatro de marzo de 1983, no estaba dispuesto a perder la segunda y probablemente última oportunidad de su vida para saludar al representante de Dios sobre la Tierra.
El impetuoso saludo del doctor Solís al Papa Juan Pablo II, no sólo fue relevante para su vida espiritual, sino para la de miles de fieles, porque desde ese momento el Sumo Pontífice se vio obligado a saludar al resto del gabinete sandinista, hasta llegar a donde el padre Ernesto Cardenal, que ejercía como Ministro de Cultura en el gobierno sandinista, algo que disgustaba al Santo Padre, tanto, que aprovechó la ocasión para reprenderlo públicamente.
Sin querer, había echado al traste intensas negociaciones entre el Vaticano, el gobierno sandinista y la Jerarquía Católica nicaragüense, pues el Papa no deseaba ver a los sacerdotes que ocupaban cargos de ministros en la revolución, como era el caso de Cardenal y de Miguel D`Escoto, canciller de la República, a quien se le adelantó un viaje a la India, para evitar roces con el Santo Padre.
El acuerdo establecía que el Papa saludaría de lejos al gabinete para no encontrarse con el padre Ernesto Cardenal.
ESPONTÁNEO Y RELIGIOSO
Pero tal acuerdo era desconocido por el doctor Solís Barker, invitado a recibir al Papa en su calidad de presidente del Tribunal Superior del Trabajo, de manera que vio la oportunidad de su vida cuando el Santo Padre se acercaba a dos pasos de distancia, sonriente y benévolo, al lado de un Daniel Ortega que vestía uniforme verde olivo y usaba gruesos espejuelos.
Al lado del doctor Solís se encontraba el doctor Mariano Barahona, entonces magistrado de la Corte Suprema de Justicia, con una cámara fotográfica en la mano, lista a ser disparada, como en efecto lo fue, captando un plano medio del doctor Solís Barker estrechando la mano del Santo Padre.
“El Papa venía como a dos varas de distancia de la fila de miembros del gabinete y cuando llegó frente a mí, tuve el impulso de adelantarme un paso y le tendí la mano, lo ‘jalé’ hacia mí, le besé la mano, le pedí una oración por Nicaragua y él me bendijo; a continuación, tuvo que saludar a las demás personas, hasta cuando llegó a donde el padre Cardenal y le pegó la regañada”, rememora el doctor Solís.
En ese instante de gloria personal no se enteró de su imprudencia diplomática, pero en la tarde, mientras veía por televisión la misa del Papa junto a varios integrantes del gobierno, fue informado de que había roto el protocolo. Había un clima de preocupación entre los funcionarios sandinistas, según recuerda.
El 17 de marzo de 1983, catorce días después de la visita del Santo Padre, el Tribunal Superior del Trabajo dejó de existir. “Unos días más y no me invitan”, advierte el abogado de setenta años, ahora magistrado del Tribunal de Apelaciones de Managua.
De manera que por segunda vez casi pierde la oportunidad de saludar al Sumo Pontífice.