Elmer Ramírez*
El ingeniero Enrique Bolaños, es uno de los tres presidentes de Nicaragua originarios de la ciudad de Masaya. El General José María Moncada lo fue en el año de 1929 a 1932, el Dr. Carlos Brenes lo hizo por un período de seis meses en 1936, y el actual presidente, desde enero del 2002 al 2006.
Recién iniciado su mandato el ingeniero Bolaños consideró que podía llegar a ser recordado como el mejor presidente en la historia de Nicaragua. Las esperanzas empezaron a tener su verdadero asidero; máxime cuando rompió partidariamente con la facción arnoldista, que dicho sea de paso, el líder de estos liberales hoy, guarda seudo prisión en su propia casa.
Sin embargo, después de un año de presidencia los problemas se le han acumulado y parecen no tener respuestas, puesto que no hay ni las ideas ni el dinero suficiente como para enfrentarlos.
Ya editorializó LA PRENSA diciendo que “La lógica económica más elemental y el sentido común administrativo indica que lo que se debería hacer es reducir el gasto público y ajustarlo a las posibilidades reales de la economía nacional; así bajar las actuales tasas impositivas para incentivar la inversión privada, fomentar la producción, estimular los negocios, expandir el empleo e impulsar el desarrollo nacional”.
Y lo que dijo el señor Presidente después fue que era muy grosero el editorial. Si nos atenemos a que fue una declaración para salir del paso, la respuesta es piadosa, pero si es para confundirnos creo sin temor a equivocarme que el ingeniero Bolaños no quiere reconocer la seriedad y dimensión que él enfrenta y que los nicaragüenses enfrentamos también.
Uno de los libros más extraordinarios de la época del Renacimiento fue la Utopía, de Tomás Moro, que en una de sus páginas, la 55 para ser exacto, de la Editora Nacional, México 7, D.F., expresa… “nada hay más contrario a la dignidad de un soberano que reinar en un pueblo de mendigos; su deber es regir una Nación rica y feliz”.
Y en la misma página Moro hace mención de Cayo Luciano Fabricio, Cónsul Romano dos veces y luego Censor. Quien fue tan austero y probo, que murió en la miseria teniendo el estado que costear su entierro y dotar a sus hijas.
Nadie desea ni espera algo parecido con don Enrique Bolaños, pues toda su vida ha sido un empresario de éxitos y que con tan sólo su salario es suficiente para poder vivir con comodidad y felicidad.
El ingeniero Bolaños ha sido un hombre de palabra, los hechos lo han demostrado, tan es así que los nicaragüenses, no dudaron en ofrendar su voto, con tal de salir del atolladero en el cual nos encontrábamos en el aquel entonces.
Hoy se ha visto rodeado de ambigüedades y sin poder dar respuestas que orienten o al menos posibiliten el norte de los futuros empleos necesarios para el país. Sus megapensiones y megasalarios han sido como grilletes y no menos, la situación se le torna más difícil cuando dijo que no temía a los supuesto delitos electorales.
El señor Presidente debe saber que está rodeado de incapaces asesores. Si los deja verá que el sol sale por el Este y se esconde en el horizonte por el Oeste. De no ser así el pueblo recordará las palabras de Rubén Darío: “Cada carruaje que pasa por las calles va apretando bajo sus ruedas el corazón del pobre”.
* El autor es docente de la UNI