La norteamericanización de la política electoral

Guillermo Rothschuh Villanueva*

Los crecientes cambios en la forma de hacer proselitismo político en diversas partes del mundo, incluyendo el propio entorno nicaragüense, ha sido caracterizado como la norteamericanización de la política. Dos razones se atribuyen a este fenómeno. Una primera causa se debería al propósito expreso de difusión global de un modelo cuyas técnicas y prácticas consideradas eficaces en los Estados Unidos, deben ser trasladadas e imitadas en esta parte del mundo, asumiendo como propios axiomas y parámetros estratégicos utilizados por los consultores y estrategas de campañas norteamericanos. La segunda razón obedecería a los cambios estructurales que han venido ocurriendo en la política, la sociedad y los medios de comunicación. Ambas explicaciones continúan siendo objeto de debates en el ámbito académico, mientras la propuesta norteamericana continúa diseminándose por el mundo.

Dos son también las maneras en que la denominada norteamericanización de la política han sido caracterizadas. Uno de los modelos, tal vez el más extendido, ha sido nombrado como modelo de compra, que no es otra cosa que la adopción de ciertas técnicas y rutinas organizacionales de prácticas electorales de campaña importadas de los Estados Unidos, pero sujetas a cambios, modificaciones y ajustes de acuerdo al contexto político-cultural en donde son implementadas. El otro modelo consiste en asumir estrategias exitosas de campañas políticas, que conducen a la desaparición de las maneras tradicionales de hacer política, teniendo a los medios como pivote central, pensadas y ejecutadas por los consultores norteamericanos. La experiencia acumulada en el mundo ha llevado a los expertos norteamericanos a tomar en cuenta las limitaciones y condicionantes derivados de los distintos contextos en donde ofrecen su trabajo.

Cinco actores e instituciones son tenidas como las más importantes en la difusión mundial de la forma norteamericana de realizar campañas electorales: 1) las actividades impulsadas por el mercado de los consultores norteamericanos; 2) el entrenamiento, seminarios y publicaciones realizadas por el mercado (Campaigns & Elections, marketing político, etc,); 3) el aporte brindado por organizaciones profesionales y plataformas y redes internacionales (AAPC, IAPC, ALACOP,etc); 4) a través de la existencia de programas académicos (GSPM, Bliss Institute, Robertson School of Goverment); y 5) por medio de la asistencia auspiciada a través de donaciones (National Endowment for Democracy, International Republican Institute, Embusas), que viene a ser la manera a través de la cual llegó a nuestro país el doctor Gary Nordlinger, director de Nordlinger y Asociados, firma consultora en asuntos políticos y relaciones públicas. Viajó a Nicaragua expresamente invitado por la Embajada de Estados Unidos, para que viniera a exponer a investigadores y organizaciones de la sociedad civil, una de las modalidades en que los consultores norteamericanos conciben, diseñan y realizan las campañas electorales.

El aspecto más relevante de la exposición del Dr. Nordlinger consiste en concebir el mensaje como el aspecto medular de las campañas.Vuelve una y otra vez para señalar la importancia que concede al mensaje para alcanzar resultados eficaces. Subraya el poder y la influencia de la televisión, a la vez que destaca la atención que otorga a la estrategia publicitaria. No deja ninguna duda de la función central que cumple el consultor en la concepción y estructuración de la campaña electoral. En donde se evidencia con mayor claridad la perspectiva en que se ubica como experto, haciendo suyo el enfoque clásico norteamericano, es al relevar el carácter prioritario que concede al mensaje y al marketing político, desplegados a una prudente distancia de los partidos políticos. Prefiere contar en su trabajo con voluntarios que con la militancia partidaria.

Tiene la certeza y la convicción de que sus sugerencias han sido probadas como exitosas en diferentes partes del mundo. Para garantizar óptimos resultados, requiere salvar seis errores que a su juicio se cometen con mucha frecuencia. Al destacar estos errores lo hace para insistir en la necesidad de recurrir a las encuestas e investigaciones empíricas y en utilizar un número reducido de mensajes. Reitera la vieja recomendación de los publicistas acerca de la necesidad de mantener suficiente tiempo en el aire los mensajes, para que calen en la mente del votante. Advierte que deben evitarse gastos excesivos en el arranque de la campaña, y no distraerse demasiado con la estrategia y los mensajes negativos del adversario.

Sus recomendaciones forman parte del arsenal estratégico clásico de los consultores norteamericanos. Para operar con eficacia sobre un entorno que no es el suyo, está convencido de la necesidad de incorporar en su equipo a consultores familiarizados con la región. Su exposición constituye, sin duda alguna, una prueba fehaciente del interés de expandir por el mundo, la presencia e influencia de los consultores norteamericanos, tratando de aclimatar en nuestras tierras, la forma en que estos conciben y piensan en que deben estructurarse y desarrollarse las campañas electorales. ¡Sobre las bondades y alcances de su propuesta, ustedes tienen la palabra! Teniendo presente que está forma de hacer política llegó para quedarse, que los políticos locales la prefieren, no obstante sus altos costos y sus implicaciones para la permanencia y estabilidad de los partidos políticos.

*El autor es Decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UCA.
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Editorial
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