Kunio Shimizu*
La primera fase en la construcción de escuelas en Nicaragua, financiada por la cooperación no reembolsable del Gobierno de Japón, comenzó en 1996 con la construcción de 37 escuelas en los departamentos de Granada, Masaya y Carazo.
El paso del huracán Mitch por los departamentos de León y Chinandega en 1998, nos condujo a llevar a cabo la segunda fase, que consiste en la construcción de 74 escuelas que ya hemos finalizado.
Como siguiente paso estamos preparando un proyecto de rehabilitación de unos 50 centros escolares en los municipios de Managua y Ciudad Sandino.
En las escuelas ya construidas llevamos a cabo una campaña informativa que consiste en visitar cada una de ellas por parte de funcionarios de la Embajada de Japón, que se convierten en maestros de los niños por un día, hablándoles un poco acerca la cultura y las tradiciones japonesas, además de aconsejar a los profesores y estudiantes sobre el mantenimiento de sus propias escuelas. Llamamos a esta campaña Caravana Educativa Girasol, para hacer sentir el calor humano del país del Sol Naciente a los estudiantes de Nicaragua.
En las visitas a las escuelas en las que hablamos de la historia de Japón, hay un elemento al cual brindamos suma importancia. Es el de que el desarrollo económico del Japón no fue un milagro sino el resultado y consecuencia ineludible de muchos esfuerzos, sobre todo en el campo de la educación. A partir del siglo XVI, durante la época feudal, había miles de escuelas llamadas Terakoya por todo el país. Eran centros educativos pequeños, privados, regentados generalmente por un solo maestro, el que muy a menudo era un monje budista. A finales del siglo XIX, la tasa de alfabetización alcanzaba ya un 80 por ciento.
Existe una historia verdadera, conocida como “los cien sacos de arroz”, la cual relata que después de una cruel guerra civil que duró de 1868 a 1869, la ciudad de Nagaoka, ubicada frente al mar del Japón, estaba reducida a escombros y con pocas posibilidades de sobrevivir por falta de alimentos. Una vecina provincia le envió como ayuda alimentaria cien sacos de arroz. Todos necesitaban comer, muchos de los samurai habían perdido todos sus medios de sustento, y argumentaban que el arroz debía ser repartido inmediatamente. El jefe ejecutivo de la ciudad, Torasaburo, dijo lo siguiente: “ese arroz puede acabarse en un día o dos, ¿qué quedará para entonces? Un país cae o se eleva, todo depende de sus recursos humanos. Quiero sacar este arroz para transformarlo en 10,000 sacos de arroz, un millón de sacos de arroz, o en algo más incalculable, el arroz debe ser vendido y con el dinero quiero construir una escuela”.
Contra fuerte oposición y amenazas de muerte, la opinión de Torasaburo prevaleció; de esta escuela han egresado hoy en día, eminentes figuras, rectores universitarios, ministros, generales etc.
El primer artículo de la Ley Fundamental de Educación de Japón promulgada en 1947, dice que : “la educación busca el pleno desarrollo de la personalidad y trata de educar a personas sanas de cuerpo y mente, amantes de la verdad y la justicia, que aprecien los valores individuales, respetuosos del trabajo, y con profundo sentido de responsabilidad, imbuidas con espíritu de independencia, como constructores de un estado y una sociedad pacífica”.
Es por esa razón que hemos entregado a Nicaragua otras 74 escuelas, donde se educarán personas sanas de cuerpo y mente que forjarán el destino de Nicaragua, país cada vez más amigo de Japón.
*El autor es embajador de Japón en Nicaragua
Resumen del discurso que pronunciara el Embajador Shimizu en la ceremonia de finalización de la segunda fase de la construcción de escuelas de educación primaria, financiada por la cooperación no reembolsable del Gobierno de Japón y fue adaptado como artículo de opinión.