Turquía ha sido en el transcurso de la historia una especie de vaso comunicante —un pasadizo— entre Europa y Asia. Y como siempre sucede en países que están a caballo entre dos culturas de signos diferentes, como son la musulmana y la cristiana, Turquía ha sufrido el enfrentamiento de ambas.
Esta situación ambigua ha hecho que los europeos acepten a regañadientes a Turquía como parte de Europa. Y a su vez, el mundo árabe mira con suspicacia los contactos de Turquía con las potencias occidentales, como acaba de suceder con las maniobras navales realizadas por ese país, Israel y los Estados Unidos.
Un claro ejemplo de esa confrontación se acaba de dar con el inesperado rechazo del Parlamento turco al despliegue en su país de tropas norteamericanas. Esta negativa amenaza complicar al menos los planes militares del Pentágono si se confirma la oposición del Legislativo turco en segundo debate.
Lo cierto es que para Estados Unidos es muy importante obtener el consentimiento de Turquía pues la ruta para la invasión a Irak por el norte sería la más corta y menos costosa, tanto en vidas humanas como en dinero y tiempo. Lo curioso es que hasta una semana antes de la votación en primer debate del Parlamento turco, se aseguraba que la república de Mustafá Kemal (el fundador) apoyaba decisivamente la política del Presidente George W. Bush de derrocar al régimen de Hussein.
Sin embargo, a pesar de esos malos augurios, las pláticas del primer ministro turco, Abdulah Gul, con su contraparte norteamericana, siguen progresando. Esta semana anunció el Ministro de Defensa turco, Vecdi Gomul, que Washington enviaría como parte del arreglo 60 mil infantes, 255 aviones y 65 helicópteros. Asimismo están cerca de las costas turcas, en el Mar Mediterráneo varios portaviones cargados de marinos estadounidenses.
En cuanto a la ayuda financiera que recibiría Turquía y que al parecer ya está fijada, incluiría como compensación préstamos y dilaciones con valor de 24 mil millones de dólares. Son términos que el gabinete turco aprobó bajo la presidencia del primer ministro Abdulah Gul.
Por otra parte, cualquier pretensión turca de última hora de subir la suma de compensación que recibiría de Estados Unidos, desvirtuaría, como lo advierte William Safire del New York Times, la naturaleza de la vinculación histórica de Washington con Ankara, o sea la capital política de Turquía.
Sólo falta pues que el Partido de gobierno de Turquía, “Justicia y Desarrollo (PKT) resuelva mañana domingo introducir de nuevo la solicitud estadounidense para desplegar tropas, ya que la diferencia de votos habida en la Asamblea en días pasados, fue apenas de cuatro diputados, mientras se aseguran la asistencia de todos los representantes que faltaron a la primera ronda.
Además, los políticos turcos sopesan las consecuencias que sufriría su país si rehúsan el uso de su territorio por el Ejercito norteamericano. La primera sería el agravamiento de la situación financiera turca, incapaz de hacerle frente a una deuda de varios billones de dólares en equipo militar suministrado por el Pentágono. Además, si Ankara no se involucra en la guerra contra Irak, no sería consultada en la reorganización del nuevo gobierno que sucedería a Husseim. Finalmente está el espinoso asunto de los kurdos, que ya han, prometido cooperar incondicionalmente con la campaña militar contra el dictador iraquí, y esperan que a cambio los EE.UU. aprueben la creación de un Estado Kurdo, igual que se le prometió a los palestinos.
En todo caso la rectificación de la Asamblea turca a la primera votación se podría ver facilitada con la tajante declaración del jefe del Estado Mayor del Ejército turco, Hilmi Ozkok, que considera ventajosa para su país la propuesta norteamericana.
A estas alturas la prensa de Washington recoge la impresión que el gobierno de Bush corre el riesgo de aislarse, porque supuestamente no ha tenido tacto en sus relaciones públicas, como es el caso de las rudas expresiones del Secretario de Defensa, Donald Rumfeld y la falta de consistencia de las presentaciones del Secretario de Estado Colin en el Consejo Seguridad de Powell, así como la tardanza en tomar una decisión, lo que mantiene en vilo a las bolsas financieras de todo el mundo.