La corona bajo sus pies

Pese a sus tres coronas, Ivania Navarro Genie, Miss Nicaragua 1976, no se considera la súper reina, aunque su belleza, talento y filantropía revelan esa condición Han pasado 26 años. Sin embargo, aún hay recuerdos de la hazaña de aquella matagalpina de 19 años, que tras obtener la corona de Miss Nicaragua consiguió el cetro […]

  • Pese a sus tres coronas, Ivania Navarro Genie, Miss Nicaragua 1976, no se considera la súper reina, aunque su belleza, talento y filantropía revelan esa condición

Han pasado 26 años. Sin embargo, aún hay recuerdos de la hazaña de aquella matagalpina de 19 años, que tras obtener la corona de Miss Nicaragua consiguió el cetro de Miss Turismo y Miss Teenager Internacional.

Ubicándose como la única nicaragüense, a la fecha, en lograr dos coronas internacionales. Sin contar que se situó entre las favoritas a Miss Universo 1976, y que fue la única, de las 86 participantes, invitada para modelar por varios países junto a la israelí Rina Massinger, la reina electa en aquel entonces.

Hoy, Ivania Navarro sigue en las mismas: dando de que hablar como defensora de la paz mundial y los derechos de la mujer, junto a su, otra gran pasión: la Psicoterapia. Admitiendo, con sus características pausas, que vive desligada de los concursos de belleza.

“Porque para mí, Miss Nicaragua fue una experiencia como lo fue mi trabajo como recepcionista o como el de relacionista pública en el Banco Central. Sería una infeliz si viviera aferrada a esa vivencia, porque ya pasó.

Aunque en los últimos tres años he visto los concursos por televisión junto a mi hijo (Carll). Y guardo con mucho orgullo mis tres coronas”. Actualmente vive en Estocolmo, Suecia, y es madre de dos hijos: Carll de 17 años y Geraldine, de 12.

Respecto a esto último ¿a qué atribuye esos triunfos?

“Creo que me los gané porque nunca imaginé ganarlos. Claro, esto, mis estudios (en Ciencias Políticas y manejo del inglés, francés, italiano, español y ruso) y mi personalidad influyeron. Porque habían otras chicas más bonitas”.

¿Qué diferencias encuentras entre los certámenes de antaño y los actuales?

“Antes eran más espontáneos. Por ejemplo, me acuerdo que en República Dominicana (donde ganó Miss Turismo) nos decían: ahora hable usted sobre su país, tomé el micrófono… ¡Nos agarraban sin aviso!

Además modelábamos en traje de baño entero. Ahora veo que las chicas desfilan en trajes de baño (de dos piezas) ante todo el mundo. Aunque la diferencia más evidente es el hecho de que ahora las muchachas tienen más preparación y espacios”.

En cuanto a concepto de belleza…

“Sigue siendo rígido. Todavía hay cierto prototipo de cómo la mujer debe ser o no para figurar entre las bellas, esto no se ha superado”.

¿A qué prototipo se refiere?

“A esos modelos de revista que hoy se difunden y que genera anorexia o bulimia en criaturas desde los 13 años. Creo que las chicas, sobre todo las que participan en concursos de belleza, deben cultivar su individualidad…”

Hablando de certámenes internacionales, generalmente ¿qué puertas se abren en estos eventos?

“A mí se me abrieron espacios laborales. Esto me ocurrió en París y en Suecia. También nuevas relaciones que aún conservo como la de Massinger; María Elena Reyes, Miss Colombia; Nancy Nielen, Miss Holanda…

Además, los viajes me prepararon para relacionarme con gente de origen diverso, que es lo que actualmente hago, sin contar mi trabajo con las mujeres”.

¿Porqué se involucra tanto con este sector?

“Porque nací en una cultura donde la mujer tiene un segundo plano y es vista con el arquetipo de víctima. Además, desde mi infancia vi muchas mujeres afectadas por la violencia doméstica”.  

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