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La semana pasada se reunieron por segunda vez las delegaciones de Centroamérica y los EE.UU. para conversar sobre términos y cláusulas de un posible Tratado de Libre Comercio con los EE.UU. Mucho ya se ha escrito sobre los pro y contras de este proyecto. En capacidad económica nos separa un abismo de los EE.UU., pero también barrancos de nuestros vecinos centroamericanos. Con cierta razón se plantea un tratado asimétrico en las condiciones, tomando en cuenta la debilidad y vulnerabilidad de la economía nicaragüense. Pero el tratamiento asimétrico en si no nos va a fortalecer. Entonces urgen debate y acción cómo se fortalecen y no basta el clamor por más protección, salvo que estén dispuestos a aceptar de antemano que sean económicamente menos validos por condición de naturaleza.
Es cierto, la década de los 80 no solamente destruyó la empresa privada sino también gran parte de la capacidad productiva del país. Peor aún se debilitó extremadamente el espíritu emprendedor, motor verdadero de cualquier desarrollo. Aunque 20 años de cooperación externa y remesas familiares nos han ayudado a mantenernos, no han logrado salir aún de los Cuidados Intensivos Permanentes.
En vista de la debilidad algunos dicen que la salvación tendrá que venir desde afuera, esta vez en forma de la Inversión Extranjera. Siguiendo al esquema del papá Estado, le deleguen a éste la responsabilidad de traer de afuera la bonanza en empleos y oportunidades de negocios. Hay también consultores, asesores, a veces sospecho hasta miembros del Gobierno, quienes ya resignados dan por perdido irrecuperablemente la capacidad empresarial propia del país, secundados por uno u otro empresario, que dice que él ya no aguanta más. Ante tanta resignación, hay que subrayar una verdad muy vieja: nada es más exitoso qué el éxito y nada más propicio para fracasar que el fracaso. Un país que usa lástima como argumento principal del mercadeo de sus posibilidades, cosecha precisamente esto, lastima, pero no atraerá nunca inversiones, pues nadie apuesta a perdedores.
La única salida es que se atrevan a globalizarse internamente, tomando el sector privado en este particular la dinámica de las ONG hasta cierto grado como modelo. Cualquier ONG trabaja sin intervención o mediación por el gobierno con una o varias organizaciones de carácter similar en el exterior. Ellas forman redes entre sí tanto a nivel nacional como a nivel internacional para promover alianzas de trabajo en aras de objetivos comunes. A ninguna ONG nacional se le ocurriera ni de lejos rechazar la cooperación estrecha con la representación local de una ONG internacional, al contrario, la buscan, aprestándose además a dar una atención de esmera a representaciones diplomáticas, representaciones locales de instituciones como Banco Mundial y BID, y obvio a visitantes del exterior, en todo presentando su eficiencia y eficacia en la ejecución de sus proyectos.
Trasladado al sector privado, esto implicaría una serie de pasos muy concretos. Hay que buscar cómo integrar a los ejecutivos de todas las empresas en territorio nacional al mundo empresarial nacional, a sus organizaciones y en las respectivas juntas directivas. Cualquier empresa, sea el origen de su capital donde sea, debería aprovecharse como enriquecimiento de la cultura empresarial nacional y no como un competidor foráneo. Urge una cooperación estrecha entre las organizaciones empresariales llamadas nacionales y las diversas cámaras y asociaciones bi-nacionales, desde de la AMCHAM hasta la Cámara de Industria y Comercio Nicaragüenses-Costarricense o las Asociaciones de las Zonas Francas. Si el COSEP es la representación de “La Empresa Privada en Nicaragua”, el COSEP tiene que buscar cómo integrar a éstas en sus procesos de toma de decisiones hasta en sus elecciones. Al fin la empresa en Nicaragua por medio de sus propias organizaciones debe desarrollar una política pro-activa propia de atraer a la inversión extranjera en las múltiples formas de partnership, poniendo como su activo todo su know-how como es esto, producir en Nicaragua. Si el Gobierno quiere complementar este esfuerzo, muy bienvenido, pero no lo puede ni lo debe sustituir. El reto verdadero está en esta globalización interna y no en las cláusulas de protección de los tratados a firmarse.
El autor es especialista en informática.