Marco A. Valle Martí[email protected]
Sacarse la lotería, por si solo, no garantiza que el ganador vaya a utilizar productivamente su ganancia, sin problemas puede derrocharla y en poco tiempo estará igual o peor económicamente a como estaba antes del sorteo. Igualmente le sucede a los países, recibir créditos blandos, donaciones o cualquier tipo de ayuda, no garantizan, por sí solos, que los fondos sean utilizados productivamente. Tanto el ganador de la lotería como el país deben tener un elemento primordial para sacarle el máximo provecho a sus recursos, los valores guías.
Los valores guías son algo así como una voz interior que hace que cada persona piense, se exprese, se relacione con los demás y actúe de determinada manera y, no de otra. Si el ganador de la lotería carece del mínimo de valores guías, casi seguro que gastará el dinero en aquello que siempre había apetecido o en lo que los amigos le dicen, no pensando en el mediano ni largo plazo, de tal manera que en un abrir y cerrar de ojos estará sin un centavo y, cuidado que también endeudado. Por el contrario, si su voz interior lo guía hacia, por ejemplo, la inversión, el trabajo y la iniciativa, sin excluir una dosis de consumo y placer, existen altas probabilidades que multiplique sus recursos.
Dichos valores no nacen ni aparecen de la noche a la mañana, sino que florecen, se asientan y consolidan en la mente de la persona como producto de un proceso donde intervienen, entre otros, el o la jefe de familia, hermanos(as) y familiares cercanos, amistades, escuela, vecindario y ambiente laboral. Simultáneamente desempeñan un rol importante los medios de comunicación, más aún en estos tiempos de informática, cable e Internet. Simultáneamente, las normas escritas y no escritas, así como el premio y la sanción juegan su papel en el reforzamiento de los valores guías.
Al igual que los padres en la familia, las elites tienen la responsabilidad principal a nivel nacional, ya que quiérase o no, la conducta y proyección de las elites influyen en el comportamiento nacional, en la medida que repercuten en la formación de los valores guías nacionales. Ahora bien, la población tiene sus valores (paz, abundancia, empleo, transparencia, etc.) y, si las elites se distancian de lo que la mayoría estima que deben ser los valores, entonces son castigados, lo que se expresa, por ejemplo, en las encuestas, o sino en las elecciones. Por su lado, el proceso de avance en la institucionalidad nacional, incrementa las probabilidades que se consoliden valores que sirvan de base para sacar de la pobreza a algunos países como Nicaragua y las miles de familias necesitadas que viven en esta tierra.
Finalmente, entonces, tanto para el ganador de la lotería como para un país, los valores son un componente esencial para lograr su desarrollo. Sin valores no hay desarrollo ni salida de la pobreza, tanto de las familias como las naciones. Forman parte de los recursos económicos y sociales, al mismo tiempo que contribuyen a fortalecer el capital social conforme los practican y hacen propios el gobierno central, poderes estatales, empresa privada, trabajadores, educadores y más, sino apreciemos el desarrollo y calidad de vida de Noruega, Canadá, Suecia, Finlandia, Estados Unidos, Holanda, Chile y Costa Rica.
El autor es consultor en seguridad ciudadana.