¿Qué hacer contra los violadores?

Todos los delitos son repudiables y condenables, pero algunos son más repugnantes y abominables, como por ejemplo las violaciones sexuales y sobre todo las que se perpetran contra menores de edad.

Estos delitos abundan en Nicaragua (3.5 abusos sexuales cada día) con el agravante de que más de la mitad de las víctimas son menores de edad. En efecto, de casi 1,200 violaciones sexuales reportados por la Policía Nacional en el año 2001, un 60 por ciento fue contra menores de edad y 117 de éstos con menos de 13 años.

Los factores individuales y sociales que propician los delitos sexuales son variados. Entre las causas sociales indirectas están los desajustes económicos, el desempleo crónico, la crisis de la familia, la corrupción de la sociedad civil, la ausencia o quebrantamiento de los valores éticos individuales y comunes, el debilitamiento o pérdida de la fe religiosa, las deficiencias del sistema educativo, la amoralidad y corrupción de los políticos profesionales, etc.

En ese caldo social de cultivo se potencian los factores interiores y personales de quienes cometen esos delitos, tales como los problemas de personalidad y los desajustes psicológicos que la medicina, la psiquiatría y la psicología tratan de explicar y de curar.

Pero no basta con identificar las causas de la criminalidad sexual y expresarla en datos estadísticos. La información hay que usarla para reforzar la lucha contra la delincuencia sexual, para buscar nuevos y más eficaces medios de disuadirla y castigar duramente a los violadores.

Según los expertos en criminología, para prevenir toda lesión al ordenamiento jurídico y a la integridad de las personas, la sociedad y el Estado deben acordar y ejecutar un plan previsor y transformador del comportamiento social e individual. En Nicaragua dicen que existe un Plan Nacional para la Prevención y Atención de la Violencia Intrafamiliar y Sexual. Además estos delitos son severamente castigados de conformidad con el Código Penal. Pero es obvio que esos instrumentos no funcionan adecuadamente y por lo tanto hay que revisarlos y fortalecerlos, a fin de que sirvan efectivamente para prevenir y castigar los delitos sexuales.

En primer lugar hay que hacer más rigurosas las penas contra los violadores y abusadores sexuales (actualmente son de hasta 20 años de prisión, según el caso, pero hay que imponerles la máxima de 30 años, sin derecho a indultos ni a descuento del 2 por 1). Igualmente hay que divulgar por todo el país los datos de los violadores, para que si los jueces corruptos los libera que la gente sepa quiénes son y tome las apropiadas precauciones. Por ejemplo, en Estados Unidos se aplica exitosamente desde 1997 la “ley Megan”, que autoriza dar publicidad a las características y rasgos personales de ciertos agresores sexuales, para evitar que repitan su delito en otra jurisdicción.

También la sociedad debe presionar a los jueces para que actúen en forma severa contra los delincuentes sexuales, que no los dejen en libertad a cambio de sobornos como ocurre ahora a menudo. En realidad, de nada servirían los mejores planes contra la violencia sexual si por la corrupción el Poder Judicial trata con mano suave a los abusadores sexuales de toda clase.

La Iglesia, por su parte, debería condenar tan severamente a los violadores como a los abortistas, porque si bien éstos matan la vida del cuerpo aquéllos asesinan el alma.

Pero los medios más eficaces para prevenir y al menos disminuir la delincuencia sexual son la educación integral, la formación en valores morales, y sobre todo la familia, que es el elemento natural sobre el que se sustenta la sociedad y la base de sus principios fundamentales; de manera que cuando se debilita la unidad familiar, se distorsionan sus principios y de manera inevitable se introducen y enseñorean la amoralidad y la delincuencia.

Mientras la escuela siga siendo más instructiva que educativa, seguirá produciendo hombres que se enmascaran para salir a la calle a disparar morteros, a lanzar bombas incendiarias y cometer toda clase de tropelías contra la autoridad y las personas; se continuará menospreciando la vida humana en todas sus etapas y dimensión; y la delincuencia, incluyendo la sexual, seguirá imponiendo sus repugnantes y degradantes condiciones a la sociedad.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí