Rolando Flores [email protected]
“Hipertensión arterial, dislipidemia, diabetes melitus tipo II y obesidad mórbida”. Ese es el dictamen médico del ex presidente Arnoldo Alemán, dado por tres médicos forenses del Instituto de Medicina Legal, en base al cual la juez Juana Méndez decidió no enviarlo al Sistema Penitenciario.
Perdónenme, pero discúlpenme. Lo pueden decir en latín o cifrarlo en millones de glóbulos rojos y blancos, pero no se puede engañar a la sociedad y menos a una judicial. Lo que el doctor Arnoldo Alemán sufre no es nada más y nada menos que de obesidad.
Esta es una enfermedad caracterizada por un exceso del tejido graso, que va acompañada, precisamente, de los otros padecimientos del ex mandatario. Y no lo digo yo, lo dice la Conferencia de Consenso del National Institute of Health (NIH) de Estados Unidos, que señala que “la obesidad está claramente asociada con hipertensión, hipercolesterolemia, diabetes melitus y aumento de algunos cánceres y otros problemas médicos”.
Y efectivamente, la enfermedad del reo Alemán puede ser peligrosa como lo demuestra la angina de pecho que sufrió la semana pasada. De hecho, el mayor número de casos de “morbimortalidad” (muertes) —permítanme usar los términos médicos para dar mayor prestancia a esta nota—, se producen en obesidades moderadas o severas, es decir, con sobrepesos mayores al 20 por ciento del peso aceptable. Y es cuando se superan esos niveles, como en el caso de Alemán, se presenta el incremento de las enfermedades cardiovasculares, muchas veces mortales.
La cantidad y distribución de la grasa corporal del ex presidente de la República es causante de lo que se denomina el “cuarteto de la muerte” de Kaplan (1989), consistente en obesidad toracoabdominal, intolerancia a la glucosa, hipertrigliceridemia e hipertensión arterial.
Pero este macabro cuarteto no siempre toca el Réquiem. Pueden tener un aspecto siniestro pero no son “Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis”. El tratamiento es tan común como asequible: antihipertensivos orales para la hipertensión, lipolíticos también orales para el colesterol alto, y antidiabéticos para la diabetes. ¿Y para la obesidad mórbida, el principio de todos los males de Alemán? Bueno, primero corregir su dieta: eliminando los azúcares simples, tales como refrescos y postres; reducir la ingestión de carnes grasas, alimentos empanizados, o gratinados; dejar de consumir huevos y licor, y tomar 2 litros de agua al día.
Y segundo, debe realizar algún tipo de ejercicio aeróbico 4 ó 5 veces por semana, en sesiones de 25 minutos como mínimo.
Ahora díganme, ¿qué le impide al reo Alemán recibir este sencillo tratamiento (todo oral) en el Sistema Penitenciario? ¿Qué le incapacita para hacer una sencilla tabla de ejercicios aeróbicos? No será la falta de tiempo.
La ex primera dama, María Fernanda de Alemán, le advertía la semana pasada al presidente Enrique Bolaños que dejara tranquilo a su esposo, o terminaría por provocarle la muerte.
Pero lo cierto es que no será Bolaños quien produzca la muerte de Alemán, será el exceso de grasa, azúcares, colesterol y falta de ejercicio, los que lo hagan.
Hay que recordar que aproximadamente 250 millones de adultos en el mundo exceden su peso, y el número va en aumento cada año según la Organización Mundial de la Salud, lo que bajo el mismo razonamiento de la ex primera dama y ahora de la judicial, podría provocar en el futuro una polémica jurídico-penitenciaria de enormes, por no decir obesas, dimensiones, pues ahora los obesos deberán gozar del derecho de casa por cárcel, al igual que el ex mandatario. Lo cual me hace temer que miles de reos de todo el país sigan el ejemplo del ex presidente y busquen cómo redondear sus formas y perjudicar su salud. Tendremos entonces un abominable, en todos los sentidos, ejército de obesos convictos a los que habrá que conceder casa por cárcel. Ese sí sería un problema gordo.