El drama colombiano nos concierne a todos

Emilio Alvarez Montalvá[email protected]

El fallido atentado contra el Presidente colombiano, Álvaro Uribe, el día que asumió el poder confirmó la audacia y peligrosidad del narcotráfico.

Si es cierto que son muchos los quebrantos políticos de América Latina, como dictaduras, intervenciones militares extranjeras y guerras civiles, ninguno es tan devastador como el que agobia, desde hace quince años, al pueblo colombiano.

Aparto la violencia en Tolima ( 1941-1956) protagonizada por liberales y conservadores, al estilo tradicional, terminada con el Pacto de Benidorm (1956) entre Laureano Gómes y Lleras Camargo. Por su medio esos dos partidos se alternaron el poder durante 20 años. Se cree que ese convenio de cúpulas provocó el alzamiento del M19, felizmente absorbido por la Constituyente de 1991 realizada durante el período de César Gaviria. Se trataba de deslegitimizar a los movimientos armados, legalizándolos. Lo paradójico fue que los comicios siguientes, devolvieron el control del país a los partidos históricos.

Sin embargo, lo que ahora tratamos es ese nuevo tipo de guerrillas a sueldo de las mafias del narco-tráfico. aparecidas a mediados de los ochenta enarbolando ideologías, se han transformado en bandoleros sanguinarios que realizan secuestros y asesinatos, empeñados en desaparecer al Estado colombiano, sembrando el terror. Para terminar con esa plaga han ensayado los gobernantes de ese país varios procedimientos, desde su exterminio a sangre y fuego como se propuso el valiente presidente Betancourt (1985) enviando al Ejército a desalojar al comando que asaltó al Palacio de Justicia, hasta los intentos de conciliación (Cuba, España) para llegar al audaz y fracasado plan del ex presidente Pastrana, quien permitió a la FARC controlar algunos municipios rurales para facilitar negociaciones con Tiro Fijo y Joy-joy . Lo cierto es que se consolidó la narco-burguesía y la impunidad.

Con esas frustraciones el presidente Álvaro Uribe ( 2002) halló el apoyo norteamericano y europeo, consiguiendo del primero con el Plan Colombia 500 millones de dólares anuales para financiar helicópteros, sueldos militares, instructores, destrucción de cultivos prohibidos y ayuda a ex cocaleros, etc., esfuerzo que ha provocado masivas migraciones de campesinos a países aledaños.

Lo nuevo es el traslado que está haciendo la narco-guerrilla del campo a la ciudad. Tres hechos lo confirman : a) el fracasado intento, en Bogotá, de liquidar al primer mandatario b) estallido del coche bomba en el exclusivo club Nogales y, c) la matanza en Neiva. Lo significativo es el empleo de tecnología trasnacional sofisticada, adquirida de ETA e IRA, usando detonadores activados por celulares.

Finalmente hay que analizar las dos caras de la moneda del trauma colombiano: demanda y oferta de psico-fármacos. La demanda, fundamentalmente externa, necesita mucho dinero para mantenerse, clientela en expansión y mercadeo sin mayores problemas. A su vez la oferta también requiere capital de afuera para instalar fábricas, insumos importados, cooperación campesina y comprar protección de guerrilleros, políticos y judiciales.

Concluyo entonces que: A) El narcotráfico es una plaga globalizada que concierne a todos controlar, como reconocieron en Panamá los presidentes del área; B) es en los países altamente industrializados donde está la plata para calmar las ansiedades provocadas por lograr gloria y poder en escenarios muy competitivos; C) los jóvenes de países puente, como Nicaragua, son víctimas colaterales del trasiego de estupefacientes hacia el norte. Los “púsheres” locales se empeñan criminalmente en inducir al consumo de drogas a los muchachos para que les ayuden al transporte y difusión de los psicofármacos en tránsito hacia el norte; D) mientras la lucha contra los estupefacientes no logre disminuir la demanda de narcóticos en los países altamente industrializados, el costo en dinero y vidas humanas para bajar la oferta de la producción, serán inefectivos. Me parece injusto e inhumano que pueblos y gobiernos, colombiano y latinoamericanos, lleven la carga más pesada de la lucha contra el narcotráfico.

El autor es analista político.  

Editorial
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