De la confianza en Kennedy a la duda en Bush

Rolando J. Sevilla [email protected]

Hay una histórica anécdota que vale la pena traer a colación por lo que viene aconteciendo en el mundo alrededor de Irak. Resulta que en 1962, el presidente Kennedy envió a París a su secretario de Estado para que mostrara al presidente De Gaulle las pruebas estadounidenses sobre la instalación de misiles soviéticos en Cuba y obtuviera el apoyo francés al bloqueo de la isla. De Gaulle no quiso ver las fotos. “Una gran nación como la suya”, dijo, “no daría un paso tan serio si existiera alguna duda sobre las pruebas”.

Cuando Adlai Stevenson mostró ante el Consejo de Seguridad de la ONU y las cámaras de televisión las fotografías captadas por los aviones espía U-2, nadie discutió que aquellas imágenes mostraran piezas de misil. Los gobiernos las tomaron en serio.

La presentación del Secretario de Estado Powell en el Consejo de Seguridad el 5 de febrero pasado dista bastante de lo que el mundo observó y apoyó en 1962. En América Latina nadie apoya abiertamente la política de Bush hacia Irak. México, miembro actual del Consejo, jugó un papel destacado estando todavía Jorge Castañeda de Canciller, en la elaboración y aprobación de la Resolución 1441. En Europa hay una oposición cerrada de Francia y Alemania a dar un cheque en blanco a EE.UU. Blair, Aznar y Berlusconi son los seguidores fieles, aún cuando sus posiciones distan muchísimo de lo que piensa la gran mayoría de sus conciudadanos, y con su actitud abrieron una grieta en la política exterior común de la Unión Europea. Su lobby a favor de Bush no prospera y lo que Kennedy logró con De Gaulle no lo puede lograr Bush con Chirac.

Lo acontecido en el Consejo de Seguridad el 5 y 14 de febrero, y las movilizaciones mundiales del sábado 15, deben hacer reflexionar a EE.UU. sobre su —aparentemente ya tomada— decisión de invadir Irak. Solamente tres miembros del Consejo (Inglaterra, España y Bulgaria) han apoyado la posición norteamericana; los otros once están a favor de reforzar el proceso de desarme en Irak, contando dentro de estos últimos a Francia, Rusia y China, miembros permanentes del Consejo. “No podemos basarnos sobre pruebas e indicios, necesitamos hechos”, señaló el Canciller francés, Dominique de Villepin. París piensa que reforzar las inspecciones siempre será más barato, en vidas y en presupuesto, que una guerra. “El deseo universal de la comunidad internacional es ver un arreglo político a la situación en Irak y evitar una guerra”, indicó por su parte el Canciller chino, Tang Jiaxuan.

Mucho se ha especulado sobre las razones de fondo de Washington en su posición contra Irak, lo que ciertamente todo el mundo señala es que esta anunciada “guerra preventiva” aparece cada vez más como algo sin sentido. Pretender reactivar la economía con esta guerra pareciera ser también otro contrasentido. Clinton logró superar el déficit fiscal proveniente de la era Reagan y heredó a su sucesor una situación de superávit. Hoy ese déficit está nuevamente presente y se acrecentará con los 100-200 mil millones de dólares que se estima sería el costo de la intervención militar.

Todo el clima pre-bélico de los últimos meses ha traído consigo descensos en la Bolsa, depreciación del dólar frente al euro y contracción en el consumo. Las ventas de la Navidad pasada en EE.UU. fueron las peores de los últimos veinte años. Esto es importante si se recuerda que dos tercios del PIB norteamericano son generados por la demanda de consumo, y la gente se anima a consumir cuando ve tranquilidad, estabilidad y empleo en el horizonte; hoy priva la incertidumbre en el futuro inmediato, como acaba de corroborar Greenspan ante el Senado norteamericano.

Si la guerra que se aproxima no está plenamente justificada y carece de respaldo legal, debemos decir No a la Guerra. Es un imperativo moral y ético decir no a una política que traerá mayores calamidades al pueblo irakí, repercusiones en la economía mundial y quién sabe qué otras consecuencias en esa convulsionada región. No se trata de defender al dictador Sadam Hussein, lejos estoy de hacer eso, se trata como decía Lennon, de dar un chance a la Paz (“Give Peace a Chance”), o como dice León Gieco en su bellísima canción….sólo le pido a Dios, que la guerra no me sea indiferente…..

El autor es Economista y Master en Administración de Empresas, ex Ministro-Consejero de la Misión Permanente de Nicaragua ante Naciones Unidas.  

Editorial
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