John McCain
Irak y Al-Qaeda presentan a los Estados Unidos con enemigos en frentes múltiples. En la Segunda Guerra Mundial, cuando los japoneses bombardearon Pearl Harbor, fuimos a la guerra —contra ellos y contra los nazis, quienes no habían atacado nuestro territorio. No teníamos el lujo de luchar contra un enemigo a la vez.
El 11 de septiembre del 2001 demostró que Al-Qaeda es una gran amenaza. Saddam Hussein tiene la habilidad de hacer un día de infamia mucho peor convirtiendo a Irak en una línea de montaje de armas para la red de Al-Qaeda. ¿Quiere alguien realmente responder por Saddam, un atrevido patológico con una historia de agresión violenta y una enorme reserva de las peores armas del mundo, cuando los terroristas podrían ayudarle a atacarnos sin dejar huellas?
No hay una conexión entre el terror actual y el prospecto de una guerra con Irak. No estábamos contemplando la guerra en 1993, 1996, 1998, 2000 y 2001, cuando sufrimos ataques de terror en nuestro territorio y en el extranjero. ¿Y si los terroristas nos atacan debido a nuestros planes en Irak, no es esa prueba de que Irak y los terroristas son dos caras del mismo peligro?
La guerra es horrible. Pero el siglo pasado y el 11 de septiembre nos han enseñado que hay cosas peores que la guerra: acomodar a criminales internacionales implacablemente hostiles a nuestros intereses y valores. Falta de acción para prevenir otro ataque podría hacernos inevitables. Quedarse de brazos cruzados cuando un régimen odioso con una historia de apoyo al terrorismo y hostilidad hacia América, desarrolla armas cuyo uso por terroristas podría matar a millones de americanos no es una opción. Es una abdicación.
¿Quién no hubiera atacado a Al-Qaeda antes del 11 de septiembre si hubiéramos sabido sus planes? ¿Quién no hubiera hecho caso a la llamada del Primer Ministro Británico, Winston Churchill, de enfrentarnos a Adolfo Hitler cuando la Alemania Nazi todavía estaba débil y millones de vidas pudieron haber sido salvadas si hubiéramos actuado primero?
Está en la naturaleza de la democracia, ser paciente. Pero a como la historia ha demostrado, ellos pueden demorarse a su propio riesgo. Depositar fe en que se puede contener a Saddam hoy recuerda la amonestación de Churchill en los años 30 sobre una defensa colectiva a la que le faltaban dientes o voluntad. A como dijo Churchill sobre el fracaso de la Liga de las Naciones de responder a la agresión italiana en Abisinia, no hay mucha seguridad colectiva en un rebaño de ovejas que van hacia el matadero.
Saddam es como un criminal en serie que ha acumulado armas ilegales y se ha rehusado a entregarlas. Ha robado los hogares de sus vecinos y ha asesinado a su propia familia. Si la policía respondiera de la forma en que las Naciones Unidas ha respondido a Saddam, nuestras ciudades estarían invadidas por el crimen. Ninguno de nosotros estaría seguro. Existen otros criminales, tal como Osama Bin Laden, y los estamos cazando. Las naciones alrededor del mundo se han unido a nuestros esfuerzos.
Saddam es un criminal internacional que ha violado repetidamente los términos de su libertad condicional y está planeando más crímenes con sus cómplices terroristas. Debe ser llevado ante la justicia de una vez por todas.
El autor es senador de Arizona y miembro Republicano del Comité de Servicios Armados del Senado de los Estados Unidos.