Augusto Zelaya Úbeda
En Junio del 2002, la televisión me conmovió. El doctor Noel Ramírez (desde luego, antes del asunto de las becas del Banco Central) rebatió a representantes de las universidades nacionales que reciben el —ya más famoso que útil y justificable— 6 por ciento. Les dijo hasta de lo que iban a morir. Sus contendores, por decirlo de una manera, no le pudieron rebatir suficientemente sus aseveraciones. La cosa quedó, con gran pesar para mí, un recalcitrante defensor de Universidad del Estado, como que las universidades nacionales seguían siendo el reducto de sandinistas fracasados, mediocres y pésimos profesores, o de “eternos” alumnos becados que lo único que hacen es estar en la universidad para alborotar, hasta el mes anterior a las elecciones. También así era en los movidos años sesenta. Se indica de un dirigente estudiantil, cuya cara inconfundible era casi un emblema, que ha sido “estudiante” por casi quince años y no ha concluido su “carrera”. En esa oportunidad me llamó la atención la pobreza de los argumentos de un rector y su acompañante que, supuestamente, iban a debatir con el doctor Ramírez. Eran argumentos sin datos concretos, sin cifras, nada cuantificable; todo era buena intención.
El lunes 20 de enero, en un Suplemento de LA PRENSA, pág. 33, ante la pregunta clara del distinguido periodista Gerardo Bravo —debiera ser fácil de responder— de: “por el 6 por ciento, qué recibe a cambio la sociedad nicaragüense”, el Ing. Telémaco Talavera, presidente del CNU, responde: “El hecho de formar a miles de jóvenes y convertirlos en profesionales en todas las especialidades que el país necesita, es una respuesta clara del provecho que tiene la inversión que hace la sociedad a través del 6 por ciento a las universidades”. La misma cosa. No hay datos, no hay cifras, mucho menos costos, tasas, etc. Pura poesía, palabras. Pareciera que la universidad no tiene información clara, actualizada y fehaciente.
Pero, lo mejor estaba por venir. En la instalación del Foro Nacional de Rectores de Universidades, el presidente Enrique Bolaños se lució. En su propia casa, en su propio reducto, incluso, hasta demasiado fuerte, el Ing. Bolaños les dijo bellezas a los rectores: gastones, que están usando recursos que deberíamos usar para cosas más importantes como la educación primaria… en fin, como se dice popularmente… ¡Los nalguió!. Al ex rector y gran educador Carlos Tünnermann, hombre que maneja mucha información y presente en esa reunión, yo sé que le hubiera sido muy fácil rebatir al Presidente, que, aún siendo tal figura prominente, debiera tener más cuidado con las cifras que le dan sus asesores. No obstante, los rectores callaron… y con su silente abstinencia se tragaron un bocado muy gordo. Y, para colmo, para darle más la razón al Presidente, en la manifestación posterior por el 6 por ciento, los rectores le dan la tribuna al señor Daniel Ortega. Albarda sobre aparejo. Nadie rebatió los argumentos fáciles y acomodados del Presidente. Nadie. Los rectores sabían y saben lo que piensa sobre la universidad el Presidente y sus asesores; y no se prepararon. No es que desee una confrontación entre la Universidad y el Presidente, pero tampoco me gustó la complacencia e incapacidad de los rectores al no responderle inmediatamente con cifras y datos, no sólo sobre qué hace la universidad, sino sobre algunos datos no correctos que el Presidente expresó. Sólo unas señitas: No es lo mismo criar pollos que gallos; el Presidente no puede comparar costos de alumnos de Educación Primaria contra los costos de Educación Superior. Pueda ser que los rectores no tengan los datos. Eso es lo grave. Pero, además, el Presidente les tiró dos pedradas directamente a los ojos: En Primaria, hay un empleado administrativo por cada 80 alumnos; en cambio, en la Universidad, la relación es de 1 a 14… Y, el costo por egresado en una universidad privada es de US$ 5,700, contra US$ 21,000 en las universidades nacionales. Yo no creo en esas cifras, con respeto para mi Presidente, pero ¿qué pasa ahí? Eso requiere de una respuesta clara y contundente. Pero todo el mundo está callado ante tal aseveración. Posteriormente, pero de forma tímida, el rector Telémaco Talavera, un buen funcionario, en un canal de televisión trató de ripostar: “Nosotros no tenemos megasalarios, como los ministros…” Yo le prevengo al Ing. Talavera, pueda ser que haya desorden administrativo. Recuerde que la gallina no vive de lo que come, sino de lo que rasca. Cuide a sus gallinas.
Ergo. Hay muchas cosas que aclarar. Round de don Enrique, aunque, con todo respeto, debiera revisar sus datos.
El autor es maestro y especialista en Desarrollo Rural.