En letra pequeña

Fabián [email protected]

BASTA

¡Por Dios! ¿En qué monstruos nos hemos convertido? Nos estamos ensañando en una niña. La violación de esta criatura no terminó en los cafetales el día que resultó embarazada. Vuelve a ser violada cuando alguien en nombre de Dios le exige que tenga el hijo que desarrolla en su vientre. Cuando se le acercan para salir en la foto y aprovechar la publicidad, o en los periodistas que han hecho de su tragedia una historia de truculencia para que nos refocilemos en ella una y otra vez. Peor aún, resulta violada en masa por aquéllos que han hecho de su cuerpecito un campo de batalla de sus obsesiones morales.

RUINDAD

Por suerte esta niña no sabe leer y ojalá no le lleguen a sus oídos los gritos desaforados como el de aquella señora que escribió en el periódico: “¡Vas a ser madre!, un niño se forma en tu seno: ¡es tu hijo!, carne de tu carne por el cual debes vivir ahora. ¡No permitas que te conviertan en una asesina!” ¡Por Dios! Hasta asesina la estamos llamando. Ella es víctima. Es sólo una niña violada. Esta criatura no tiene ni idea de lo que pasa y mientras su cuerpo se transforma violentamente, solamente querrá volver al día en que jugaba con su muñeca. Perdónenme que escriba con más rabia que de costumbre, pero estas cosas me indignan y me hacen pensar en lo grande que puede llegar a ser la ruindad humana.

INCREÍBLE

Finalmente la Policía entregó su informe sobre el caso de las armas. Y ¡sorpresa! Todo se hizo correctamente. No hubo delito. Lo entregó, como corresponde, el jefe Edwin Cordero, aunque sea uno de los principales acusados. Lo recibió el fiscal Centeno Gómez, quien apenas conoció el caso ya estaba absolviendo de culpa a los implicados. En la foto oficial, mientras se estrechaban la mano, por la sonrisa gélida del fiscal y los ojillos temerosos de Cordero, nos dimos cuenta que ellos saben que el informe ese no vale ni el papel en el que fue impreso.

CEGUERA

La decisión de la Corte Suprema de suspender, amonestar y reubicar al juez Sabino Hernández busca evitar la investigación y discusión de un fenómeno mucho más complejo que está ahí, destrozando la justicia: la corrupción de jueces. Una sanción administrativa reduce el león a gato. Y así evita explicar a la población cómo es que se producen esos fallos que de vez en cuando nos hacen tragarnos la campanilla por lo absurdo, y por las sospechas que tras ellos se mueven muchas influencias o dinero. O ambos a la vez.

OPORTUNIDAD

El caso de Sabino Hernández era una buena oportunidad para que la justicia comenzara a lavarse la cara en Nicaragua. Los Centeno no son ningunos angelitos, ya lo sabemos, pero lo que han dicho tiene visos de ser real, o al menos es fácilmente comprobable. Ya se demostró que el viaje a Panamá sí existió. ¿Es imposible averiguar qué pasó con las vaquillas? Para qué meterse a buscar en la suciedad. No vaya a ser que encuentren algo.  

Editorial
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