Sánchez de Lozada

Freddy Potoy [email protected]

Los enfrentamientos y el baño de sangre que sacudió en los últimos días a Bolivia, cobrando más de 20 muertos y centenares de heridos, ha puesto al presidente Gonzalo Sánchez de Lozada en una situación política complicada, al punto que sus adversarios políticos pretenden que el mandatario dimita de su cargo.

Sin embargo, Sánchez de Lozada, en su reciente mensaje a la nación el fin de semana, de todo el discurso que pronunció, una de las cosas buenas que dijo fue que estaba dispuesto a no seguir cobrando su salario como mandatario de ese país sudamericano. Aseveró que podía tomar esa medida y seguir gobernando.

En medio de la vorágine que vive Bolivia, incluyendo las manifestaciones en medio de la huelga de 48 horas que convocó la Central Obrera Boliviana (COB), al menos ese compromiso público de Sánchez de Lozada no deja de ser alentador para un país con una política económica estremecedora.

Viendo por CNN el mensaje del mandatario sudamericano, inmediatamente recordé el slogan del candidato presidencial liberal antes del 4 noviembre del 2001. En Nicaragua sí se puede hacer lo mismo que hizo Sánchez de Lozada.

Es decir, que el Presidente de Nicaragua, Enrique Bolaños, quien tiene una pensión vitalicia como ex vicepresidente de la República, además de su salario como mandatario, bien puede emular el ejemplo de su homólogo boliviano.

Justo ahora que a los nicaragüenses les cae una lluvia de impuestos, a iniciativa del Poder Ejecutivo y aprobada en la Asamblea Nacional, para poder honrar los compromisos con el Fondo Monetario Internacional (FMI), es que Bolaños debería hacer algo igual y demostrarle a los ciudadanos que él también es consecuente con sus discursos políticos de pedirle a los gobernados sacrificio para sacar adelante al país.

Seguramente lo de Sánchez de Lozada fue acto politiquero más y quizás siga cobrando su jugoso salario como presidente de Bolivia, pero el punto es que se atrevió a decir que está dispuesto a no seguir cobrándolo. Pero en Nicaragua, cada vez que se le recuerda el tema a Bolaños es como que le dejen caer un balde de agua fría a las cinco de la mañana en uno de los fríos días de diciembre. ¿Sería una grosería, verdad señor Presidente?

Es natural de todo ser humano no querer dejar de percibir dinero ni querer hacerse responsable de sus desaciertos, ni asumir con creces sus errores, sin embargo, cuando un hombre como Bolaños que dirige los destinos de este país exige a su pueblo que pague más impuestos, mientras la economía continúa crucificando a muchos sectores de escasos recursos económicos, está más que obligado a predicar con el ejemplo. Bolaños debe renunciar a su pensión vitalicia de ex vicepresidente de la República o a su salario de presidente de Nicaragua.

Si no lo hace, lo que diga Bolaños es simplemente politiquería y discursos débiles frente a una población que poco a poco, según las últimas encuestas, ha venido demostrando su descontento.  

Editorial
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