Manuel Elvir
El economista Stanley Jevons, sostiene que la ignorancia de las grandes verdades que se desprenden de la economía moderna y de su falta de aplicación práctica a través de la política económica, resultan los peores males sociales. Nicaragua en estas últimas décadas se ha convertido en el paraíso en el que se practica toda forma de herejía. Darío, a quien se le considera uno de los escritores más serios de todos los tiempos, afirmaba que el pecado original de los nicaragüenses se debía a que aman las cosas y la improvisación de una forma exagerada, y para el desaparecido rector de nuestra Alma Mater, doctor Mariano Fiallos Gil, el enemigo mortal de nuestros ciudadanos nace como una consecuencia lógica de su utilitarismo inmediato lo cual no permite que el pueblo transite con seguridad en el plano de su propia historia.
Estadística y financieramente hablando entiendo que Nicaragua es el país en Centro América que más cooperación económica y ayuda tecnológica ha recibido, sin embargo, para el año 2002, sus tasa de crecimiento con gran dificultad llegó al 1 por ciento. Según informes del Banco Central, durante la administración del doctor René Schick Gutiérrez, nuestro Producto Interno Bruto (PIB), reportó la tasa de crecimiento en la producción más alta de América Latina, la cual fue equivalente al 8.4 por ciento y para el año 1999, después de un aceptable comportamiento de las inversiones públicas y privadas (nacionales y extranjeras), el (PIB) de nuestra nación manifestó un crecimiento porcentual del 7.4 por ciento.
La quiebra de los bancos en cadena provocada por la especulación y los delitos financieros asociada ésta al violento proceso de corrupción observado principalmente en la Administración Pública y el escándalo político dio como resultado una drástica caída en nuestras inversiones públicas y privadas, lo que trajo consigo un descenso en toda nuestra vida productiva, una gran distorsión en la relación oferta demanda, el cierre y la quiebra de una gran cantidad de empresas privadas y estatales, una reducción significativa de los ingresos fiscales y una generación extraordinaria de desempleo.
Nicaragua no podrá resolver sus problemas económicos independientemente de las soluciones que dicta la ciencia económica contemporánea. Es por este gran motivo que las directrices trazadas por el FMI y el resto de los Organismos Internacionales de Crédito externo que orbitan a su alrededor incluyendo a la Unión Europea y a los países donantes y cooperantes surgieron en la economía de posguerra como una iniciativa relacionada con la teoría general de la ocupación el interés y el dinero.
La experiencia universal basada en los fundamentos de la economía moderna demuestra que toda contracción económica provocada por los factores señalados, solamente se supera con la participación inmediata del Estado, mediante un amplio Programa de Inversiones Públicas (construcciones horizontales y verticales), que haga posible la restauración de los niveles de empleo, lo que permitirá mejores ingresos a los consumidores y por consiguiente la demanda efectiva y el proceso inversionista alimentarán la reanimación general de nuestras actividades de producción, comercialización y servicio.
Nicaragua que ahora sigue extendiendo su mano para continuar pidiendo, no puede desligarse en estos momentos de este engranaje económico diseñado por las instituciones y organismos que rectorean el comportamiento de la economía mundial. Como economista considero que una decisión semejante traería a nuestra sociedad consecuencias catastróficas y eso equivaldría igual si la tierra algún día decidiera por voluntad de sus habitantes dejar de ser parte del sistema planetario al cual pertenece.
El Gobierno de Nicaragua actualmente no dispone de recursos para frenar, ni siquiera la recesión económica en la que nos encontramos inmersos mucho menos que pueda iniciar una reactivación de toda nuestra vida productiva. El financiamiento que ha condicionado el FMI y el resto de los organismos que prestan y ayudan al desarrollo internacional le es indispensable. Ese oxígeno financiero es toda una condición para nuestra sobrevivencia, sobre todo ahora que nuestra economía se encuentra en cuidados intensivos, por lo tanto la situación de la realidad nacional es de vida o muerte, ya que no tenemos opción a más espera porque a mediano y largo plazo todos estaremos muertos.
En esta encrucijada, un hombre de empresa está frente a una gran empresa, me refiero al presidente Enrique Bolaños Geyer, quien está interesado en materializar su programa de gobierno bajo el signo de una Nueva Era con el respaldo de la Comunidad Internacional de la quien se ha ganado su confianza por su obsesionado interés de continuar la inconclusa revolución de la honradez.
En esta hora decisiva los políticos que conforman los poderes del Estado no tienen opción al error, la reflexión en estos momentos deberá constituir ese nuevo gran punto de partida visto hacia el futuro, sobre todo en estos momentos que el Gobierno Central ha introducido a la Asamblea Nacional un veto parcial al presupuesto general de gastos a la República de Nicaragua. Las deliberaciones de los diputados sobre el tema en referencia deberán estar asistidas por experiencias que sean propias de los altos conceptos que para tales propósitos establecen los grandes economistas del mundo contemporáneo y los postulados más representativos de la administración pública.
El autor es economista independiente.