Serena dignidad

Javier Álvarez Zelaya La visita de los duques de Luxemburgo que realizaran recientemente a Nicaragua, me ha dejado gratamente impresionado y creo que la mayoría o todos los nicaragüenses sienten igualmente. Fue admirable observar a través de la crónica periodística, la buena voluntad de los duques hacia la población mayormente pobre y humilde a quienes […]

Javier Álvarez Zelaya

La visita de los duques de Luxemburgo que realizaran recientemente a Nicaragua, me ha dejado gratamente impresionado y creo que la mayoría o todos los nicaragüenses sienten igualmente.

Fue admirable observar a través de la crónica periodística, la buena voluntad de los duques hacia la población mayormente pobre y humilde a quienes se acercaron con curiosidad sana y desprejuiciada, reflejando un interés genuinamente amistoso.

Fue también, sumamente agradable e interesante que la duquesa se interesara por experimentar personalmente el peso del canasto que una humilde y anciana vendedora del mercado de Masaya sostenía en su cabeza con los productos que vende para llevar diariamente frugal sustento a su hogar.

El sosegado temple de los duques, su ausencia de quejas por el polvo, el calor o por el raído aspecto de nuestras ciudades, pueblos y de nuestras vestimentas, ha de conjugarse con la ayuda que trajeron y que ofrecieran sin imposiciones ni reclamos, para caracterizar su respeto profundo y maduro por los pobres de nuestro país.

Esta visita de los duques de Luxemburgo ciertamente tuvo el efecto de fortalecer la amistas sincera entre Nicaragua y Luxemburgo.  

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