- Gas llamado plasma rodea a las naves espaciales cuando reingresan a la atmósfera terrestre
Reuters, EFE
WASHINGTON.- El extremo recalentamiento observado en el lado izquierdo del transbordador Columbia en su entrada fatal en la atmósfera terrestre pudo haber sido causado por plasma hirviente que penetró en la cavidad de las ruedas de la nave, dijeron el jueves investigadores independientes.
El plasma es el gas hirviente que rodeaba al transbordador cuando maniobraba para aterrizar en el Centro Espacial Kennedy el 1 de febrero. El plasma envuelve normalmente a los transbordadores en su entrada acelerada a la atmósfera, pero esta vez los análisis preliminares indican que pudo filtrarse al interior de la nave.
“Los análisis preliminares de un grupo de trabajo de la NASA esta semana indican que la temperatura observada en la cavidad de la rueda izquierda del Columbia en la entrada hubiese requerido la presencia de plasma”, dijo la Junta de Investigación del Accidente del Columbia en un comunicado adelantado por la NASA.
Sin embargo, la junta dijo que el calor fue tan excesivo que no pudo haber sido provocado por la falta de sólo una pieza del revestimiento aislante en los últimos minutos del vuelo.
Esto es significativo, porque las preguntas se han centrado en la posibilidad de que las piezas del revestimiento aislante del Columbia se desprendieron debido, al parecer, al golpe que sufrió el transbordador en el ala izquierda, por un fragmento del aislante del tanque de combustible, unos 80 segundos después del lanzamiento.
La junta dijo que investigadores estudiaban otras opciones, como que el plasma logró filtrarse a través de la cubierta exterior del transbordador hacia la cavidad de las ruedas y otra parte del ala.
También descartaron los temores de que un problema en el tren de aterrizaje izquierdo pudiera haber causado que la nave se desintegrara sobre Texas, como sugirió un ingeniero de la NASA en un mensaje electrónico dos días antes del accidente.
“Otros datos de vuelo no apoyan la posibilidad de una salida anticipada del tren de aterrizaje izquierdo”, dijo la junta.
El comunicado de la junta fue distribuido por la NASA, que ha sido criticada por no mantenerse al margen de la investigación independiente designada pocas horas después de la desintegración del transbordador.
Tras una contenciosa audiencia de cuatro horas en el Congreso estadounidense el jueves, con un solo testigo —el administrador de la NASA Sean O’Keefe—, la agencia espacial enmendó la carta de la junta investigadora para disipar dudas sobre su independencia.
ACELERAN DESARROLLO DEL «AVION ESPACIAL ORBITAL»
La NASA, que sufrió hace dos semanas la pérdida de su segundo transbordador, acelera los planes para un “avión espacial orbital” que transportaría astronautas con un costo menor, informó el diario estadounidense “The Baltimore Sun”.
En 1986, el “Challenger” se destruyó al despegar cuando estalló el depósito de combustible. En el accidente murieron todos los astronautas a bordo.
El artículo indica que la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) “está acelerando sus planes para el desarrollo de un avión espacial orbital, con un costo de 12,000 millones de dólares, que transportará a los astronautas a la estación orbital, hacia 2012, a un costo mucho más bajo que el del transbordador”.
“Diseñado para que funcione más como un pequeño ‘autobús’ que como el ‘camión de carga’ que es el transbordador, el avión liviano transportaría principalmente tripulaciones, y operaría con cohetes y otras tecnologías desarrolladas por la NASA”, agrega el diario.
El avión espacial, probablemente, se parecerá poco a un avión tradicional, y mucho a las primeras generaciones de cápsulas espaciales lanzadas con cohetes desechables en los programas “Géminis”, “Mercury” y “Apolo”.
Dennis Smith, gerente del programa del avión espacial orbital en la NASA, dijo al diario que recibió órdenes “de poner en práctica el plan”.
Smith explicó que el avión espacial tendría un tamaño que es la mitad del transbordador, una nave con las dimensiones aproximadas de un avión DC-9, de 35 y 40 metros de largo.
Su operación también sería más barata que la de un transbordador, que gasta unos 500 millones de dólares en cada misión.