Entrevista a la ex-primera dama

Jenaro Sánchez Bonilla Conmueve el testimonio publicado en la entrevista que publicó LA PRENSA el domingo 2 de febrero de la Sra. Fernanda Flores Alemán, porque refleja la abnegación conyugal propia de una esposa dolida, y aunque el entrevistador la califica de “fogueada” en política, sorprende su simple y cortoplacista visión de la realidad política […]

Jenaro Sánchez Bonilla

Conmueve el testimonio publicado en la entrevista que publicó LA PRENSA el domingo 2 de febrero de la Sra. Fernanda Flores Alemán, porque refleja la abnegación conyugal propia de una esposa dolida, y aunque el entrevistador la califica de “fogueada” en política, sorprende su simple y cortoplacista visión de la realidad política de su marido en el contexto de los problemas nacionales, tanto de aquellos problemas arrastrados de siempre como de los provocados por el mismo Alemán en su afán mesiánico de poder. Y aquí es donde la ex primera dama nos deja ver que se siente heredera política de su marido en el arte de poner y quitar candidatos a puestos de elección.

Don Enrique, por el contrario, no es heredero de nadie sino que es el resultado de una conjunción política similar a la que llevó a doña Violeta a la primera presidencia de la república libre de fanatismos y turbas divinas; esas conjunciones eran necesarias e inevitables para nuestra Nicaragua en su ruta hacia una verdadera liberación de mitos y taras, de caudillismos y liderazgos amañados.

Por el contrario, el estilo fanfarrón de Alemán fue una regresión al pasado tratando de recetarnos lo mismo de los 70 y 80, cuando el amiguismo y la corrupción eran la mejor bandera para disfrutar del favor políticos de los reyezuelos del momento.

No se vale, pues, dorar la píldora en sartén dorado porque el verdadero fogueado somos nosotros —el pueblo nicaragüense—que ya vamos por nuestro segundo doctorado honoris causa en asuntos de pobreza propia y corrupción ajena.   

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