Elmer Ramírez
Tan solo era un árbol pequeño y a pesar de sus dimensiones fue muy significativo el daño ocasionado. Todos hemos sentido la agresión por la pérdida de su entorno, de su valiosa colaboración como parte integrante del medio ambiente. Fue arrancado de un solo tajo, quedó nada más el cuello, no hubo reflexión para que en un futuro próximo sus ramas florecieran y los universitarios siguieran gozando de su sombra.
El Laurel de la India, no es como los otros árboles que son valiosos, por ser considerados madera preciosa. Sin embargo, su utilidad social, la salud que brindaba al evitar las altas temperaturas de los rayos solares no tenía precio; a su vez, un espacio oásico de frescura que no volverá, tan sólo en los recuerdos si es que no ponemos nuestro esfuerzo por recuperarlo.
El albergue de sombra y aire fresco dimensionada un espacio que tenía su propio valor, el valor de la vida oxigenada. Alrededor de unos tantos o cincuenta, entre universitarios y vecinos giraban en torno a su cuerpo. Era una especie de tertulia que a diario generaba el diálogo entre los jóvenes universitarios mientras llegaban las caracterizadas rutas de ese sector.
Es urgente por ende, restituirlo, somos suficientes y capaces para responder al llamado del equilibrio de la naturaleza, de los árboles, del medio ambiente, máxime cuando la demanda es cuantitativamente grande, es decir, el generar el verde necesario para la satisfacción y la salud.
Docente UNI