- Los israelíes ondearon la bandera de Ariel Sharon no por su convicción de que tenga las soluciones, sino porque lo ven como el hombre que puede protegerlos y devolver el golpe a sus enemigos. A pesar de no haber paz ni prosperidad, como lo prometió hace dos años, los israelíes siguen confiando en su primer ministro
Matt SpetalnickReuters
JERUSALÉN.- Cuando el primer ministro isralí Ariel Sharon llegó al poder hace casi dos años, prometió aplastar un levantamiento palestino y revertir la crisis económica de Israel.
El general retirado, de 74 años, no pudo traer seguridad y tampoco prosperidad, pero en lugar de hacerlo a un lado los votantes israelíes le entregaron el martes un segundo mandato.
Los israelíes ondearon la bandera de Sharon no por su convicción de que tenga las soluciones, sino porque lo ven como el hombre que puede protegerlos y devolver el golpe a sus enemigos.
Su partido, el Likud, obtuvo 38 escaños en el Knesset (Parlamento) de 120 lugares, mientras sus eternos rivales, los laboristas, lograron solamente 19 escaños, la peor derrota política de su historia. El antilcerical partido Shinui ha ganado 15 escaños, convirtiéndose en la tercera fuerza.
La iniciativa de Sharon para lograr la reelección se ha visto favorecida por la inclinación de los israelíes hacia la derecha, tendencia que aumentó en los 28 meses desde que se inició la “intifada” palestina por un estado independiente.
El levantamiento palestino impulsó el respaldo a la posición militar de mano dura de Sharon, quien también se benefició de la campaña deslucida de su adversario del Partido Laborista, Amram Mitzna, quien favorece el diálogo.
Sharon, apodado el “bulldozer’’ por su estilo agresivo y su papel dominante en la construcción de asentamientos judíos en zonas ocupadas, ha captado el ánimo popular.
Estratega astuto, Sharon ha evadido fracasos políticos culpando por la violencia a su viejo enemigo, el presidente palestino Yasser Arafat.
El mandatario israelí, aprovechando la urgencia del pueblo por sentirse seguro, también ha tomado ventajas del creciente nerviosismo ante una posible guerra con Irak.
“Israel se halla en una crisis existencial (…) y Sharon sabe cómo abordar esos miedos”, dijo Uzi Benziman, autor del libro biográfico “Sharon: An Israeli Caesar” (Sharon: un César israelí).
Su política dura, incluida la reocupación de ciudades de Cisjordania y las frecuentes incursiones militares en la Franja de Gaza, ha empañado la imagen de Israel en el extranjero y ha hecho poco para evitar los ataques.
INCUMPLIMIENTO
Sharon llegó al poder en 2001 en una victoria sobre el laborista Ehud Barak, y prometió restaurar la seguridad nacional y poner en marcha la economía del país. Pero, desde entonces, cientos de israelíes han muerto debido a los ataques suicidas y la recesión se ha agudizado en Israel.
La habilidad de Sharon para culpar a otros ha confundido a sus críticos. “Un genuino rey de Israel”, escribió sarcásticamente el columnista Yoel Marcus en el periódico Ha’aretz.
Sin embargo, la mayoría de los israelíes, impávida ante el llamado de Mitzna para reanudar las conversaciones de paz y aparentemente resignada a resistir el conflicto con los palestinos, mostraron que han prestado poca atención a los detractores de Sharon.
Aun cuando el gobierno de “unidad” de Sharon se derrumbó en octubre, el apoyo popular aumentó cuando el mandatario proyectó una imagen de estadista anciano que salvaguardaría las importantes relaciones con Estados Unidos.
INSTIGADOR DE VIOLENCIA PARA LOS ÁRABES
Los palestinos acusan a Sharon de provocar las revueltas de septiembre de 2000, al visitar un santuario en Jerusalén que es sagrado para los musulmanes y para los judíos. Muchos israelíes opinan que la violencia se planificó anticipadamente.
En el mundo árabe, a Sharon es vilipendiado por haber ordenado la invasión del Líbano en 1982, en la que cristianos libaneses aliados a Israel mataron a cientos de palestinos en dos campos de refugiados, Sabra y Chatila. Una comisión oficial israelí halló a Sharon, entonces ministro de Defensa, culpable indirecto de la masacre de civiles en esos campamentos.
GRANDES DESAFÍOS
El principal reto de Sharon es un acuerdo de paz que ponga fin al conflicto con los palestinos. La Administración Bush presentó una propuesta que llevaría a la creación de un Estado palestino en 2005, algo que Sharon en principio ha aceptado, pero por ahora, debe formar un gobierno de unidad nacional con el mayor consenso posible. Sin embargo, la tarea no se presenta nada fácil: los laboristas han dicho que no entrarán a otro gobierno de unidad como el que se desintegró en octubre pasado, y los probables socios de coalición podrían ser los partidos ultraortodoxos religiosos, los cuales se oponen a mayores concesiones a los palestinos.
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