El costo de la vida sube otra vez

Arturo Mcfields [email protected]

Subió el pasaje del bus otra vez. Aunque aparentemente esto sólo sea un aumento sustancial en comparación con los dos córdobas con cincuenta y dos centavos que habían anunciado los transportistas, la cosa ahora va a ser más dura. El alza del pasaje sólo es una gota que está a punto de derramar el vaso. La gente está sin empleo y los que tienen empleo desconocen desde hace rato lo que es un reajuste salarial.

La ingrata situación de la economía local no la salva el gobierno que cada vez se muestra más incompetente para resolver los problemas de la gente. Aquí las promesas de un mundo feliz del FMI callaron una vez más. También el gobierno.

Los nicas han pasado con el nuevo gobierno la prueba de fuego. Enero despuntó con un incrementos del 2.7 por ciento en la energía eléctrica; después vino el 9 por ciento en el agua potable; la gente trató de ser fuerte y esquivar la estocada y luego se vino sin avisar el 20 por ciento en el precio del pan, el 20 por ciento en el precio de la leche, los huevos, el pollo, el arroz, el azúcar y la carne de res.

La lista no termina ahí y el gobierno sigue apretando, como tanteando hasta dónde aguanta la gente. Los españolitos de Unión Fenosa han ido subiendo sin ton ni son las tarifas de luz, sin explicar a ciencia cierta el porqué. La última, las matrículas han aumentado en un 30 por ciento. Aunque algunos, más de 800 mil nicas, han optado por recortar este gasto y simplemente dedicarse a otras tareas más rentables.

Un nuevo récord. En un par de horas el presidente y sus súper ministros se reúnen con los buseros en la casa presidencial, cuando salen, el alza ya es un hecho.

“No me han retorcido el brazo”, dijo el alcalde Herty Lewites, al finalizar la reunión. Creo que tiene razón porque durante los últimos meses lo único que se ha visto retorcido es el bolsillo nicaragüenses.

El colmo del descaro. El Presidente de la Unión Regional de Cooperativas del Transporte Urbano Colectivo (URECOTRACO), Rafael Quinto, dijo que el reajuste de 25 centavos en la tarifa “es un sacrificio que vamos a hacer” y por si fuera poco aclaró que sólo se trata de un “reajuste de subsistencia”. Es decir que no se garantiza ni mejor atención ni mucho menos seguridad.

Algo si ya está bien amarrado. Repuestos, llantas e introducción de nuevas unidades para mantener su lucrativo negocio, el de conducir los ataúdes rodantes.

El resto de la gente se mantiene alerta, con temor, con incertidumbre. Nadie sabe cuál va a ser la próxima alza, cuál va a ser el nuevo golpe. Una cosa que sí se da por hecho es que el salario, de los que todavía trabajan, sigue siendo el mismo desde hace más de un año.

El autor es periodista.  

Editorial
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