¡Hay que salvar el zoológico!

Las informaciones de primera plana que publicamos el martes de esta semana (“Zoológico sólo tiene comida para seis días”), junto con la estupenda fotografía de un hermoso león bostezando, conmovieron a muchas personas de dentro y fuera de Nicaragua que en buen número nos han hecho llegar mensajes sugiriendo diversas medidas para salvarlo, como lo consignamos en las informaciones posteriores de seguimiento al tema.

En realidad, no sólo sería lamentable sino también vergonzoso, que dicho parque zoológico desapareciera por falta de recursos económicos y que los 454 animales de diversas especies —algunas de ellas raras y muy valiosas— que están allí albergados, fueran a parar quién sabe a qué lugar de Nicaragua y del extranjero. Pero ese ingrato destino no tiene por qué ser inevitable.

Es fácil comprender que si el Gobierno no tiene recursos suficientes para satisfacer necesidades humanas elementales, como por ejemplo medicinas para los hospitales públicos (aunque los diputados se asignan 400 mil córdobas anuales cada uno para financiar sus proyectos proselitistas y los funcionarios superiores siguen devengando megasalarios), mucho menos que haya para el presupuesto que necesita el zoo de Managua.

Pero al zoológico de Managua perfectamente lo podrían salvar y mantener las empresas privadas y los ciudadanos, las primeras adoptando —por ejemplo— a cada uno de los 454 animales huéspedes del zoo de Managua, y los segundos visitándolo más a menudo y pagando con satisfacción el correspondiente derecho de entrada.

En particular las empresas de turismo podrían cooperar de manera permanente al mantenimiento del parque zoológico, considerando esto como una inversión y no como un simple y fastidioso gasto. Este zoológico bien se podría convertir en un importante atractivo turístico si se explotara el hecho de que según las autoridades en la materia, tiene la característica muy excepcional de tener una de las tasas más altas de reproducción de animales que se encuentran en vías de extinción.

Prácticamente todas las ciudades del mundo que ostentan un elevado índice de afluencia turística (como San Diego, Nueva York, Buenos Aires, Madrid, Berlín, Londres, Beijing, Tokio, etc.), cuentan con un hermoso parque zoológico que atrae a muchísimos visitantes. Esos parques de animales no sólo se mantienen y desarrollan con el pago de los derechos de entrada, sino que también generan ganancias a las corporaciones que los administran y benefician en términos generales al país correspondiente.

Tal como los hemos planteado con respecto a diversos asuntos económicos, sociales, culturales, educativos y políticos, también en este caso de los parques zoológicos debemos preguntarnos: Si aquellos países pueden hacerlo ¿por qué nosotros, los nicaragüenses, no lo podríamos lograr?

Para algunas personas que se consideran muy humanistas, es un disparate preocuparse por la suerte de los animales habiendo tantos seres humanos dolientes que necesitan y esperan la solidaridad, compasión, caridad, ayuda o como se le quiera llamar, de las demás personas. Pero el humanismo que desprecia o menosprecia a los animales es limitado y mal entendido, pues como bien decía Leonardo de Vinci (1452-1519 d.C.) los hombres serán verdaderamente humanos hasta que aprendan a amar de verdad a los animales; en tanto que Santo Tomás de Aquino (1225-1274 d.C.), advirtió que la crueldad contra los animales no es sino el preludio de la perversidad contra los humanos.

En los conceptos de esos grandes hombres de la historia se advierte, sin dudas de ninguna clase, la continuidad ética y vital que hay entre los seres humanos y los otros seres vivos y sensibles que son los animales. Y se desprende que no es posible ser una persona cabal sin reconocer los derechos de esas otras criaturas de la Naturaleza y de Dios.

De manera que la conservación apropiada del parque zoológico no sólo es necesaria por los fines educativos y de investigación científica que incuestionablemente tiene; pues nadie puede poner en tela de duda la importancia que tienen los parques zoológicos para la educación de los niños, y para que éstos aprendan que respetar a los animales forma parte del respeto hacia sí mismos.

Sobran, pues, las razones éticas, culturales, educativas y económicas, no sólo para compadecer y amar a los animales, sino también para hacer los esfuerzos que sean necesarios a fin de salvar el zoológico de Managua.  

Editorial
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