Proyecto de nación de una vez por todas

Antonio [email protected]

Hace cerca de un mes cerró el año 2002, el primero de cinco que deberá gobernar don Enrique Bolaños, y el sexto de dominio liberal en la Casa Presidencial. Año bueno y año malo.

Malo porque cierra con un crecimiento económico mínimo, un ambiente cargado de incertidumbre, inversionistas que no se decidieron y empleos que no se generaron. Y año que cierra con una crisis profunda en el sector café y en casi todo el agro, desesperanza para los productores y desconcierto para sus trabajadores, y con las arcas bastante vacías producto del atraso con que se firmó el nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

De antemano se sabía que 2002 estaba condenado a ser malo en cuanto a las promesas económicas. Por ser eminentemente agropecuaria, nuestra economía produce en un año lo que se siembra en el anterior, y en el 2001, el último año del gobierno de Arnoldo Alemán, se hizo muy poco por Nicaragua. La crisis económica iniciada a fines del 99 siguió campante. Alemán no hizo más que endeudar al país y saquearlo sin misericordia.

Sin embargo, fue también un año bueno. La actitud asumida por el presidente Enrique Bolaños en el combate contra la corrupción, la madurez con que el Frente Sandinista y la Convergencia respaldaron su iniciativa, y la activa participación de los medios y la sociedad civil, rindieron frutos valiosísimos para nuestra democracia al llevar ante la justicia a los que se creían intocables.

Gobierno y oposición, trabajando como aliados en una misma causa patriótica, lograron poner tras las rejas al propio ex presidente Alemán y a su principal aliado Byron Jerez, y evidenciaron la complicidad de otros miembros su gabinete implicados en graves delitos contra la Patria.

Esto, ciertamente, será bueno para Nicaragua. Muy tontos y muy soberbios tendrán que ser los funcionarios en el futuro que se atrevan a robar los recursos del pueblo y a violentar las leyes en la forma en que éstos presos lo hicieron. Difícilmente volverán los funcionarios públicos a aceptar que un Presidente pueda colocarse por encima de la ley.

Pero este año 2002 que por fin cerró pudo haber sido mucho mejor, si tan sólo el Presidente y sus ministros se hubiesen dedicado con más sentido de misión a convencer a más diputados liberales de la justeza de su lucha. Es penoso ver que la bancada Azul y Blanco apenas creció en todo un año.

Y no se trata de comprar gente, ni de ofrecer dinero ni permitir tráfico de influencias, lo cual sería corrupción inaceptable, sino de conquistar apoyos con argumentos, de ganar voluntades con razonamientos, de cautivar nuevos amigos políticos con las armas del afecto y el aprecio, de compartir estrategias con los diputados más sensatos, soñando en conjunto con una Nicaragua mejor.

Las causas que defendió el Presidente Bolaños a lo largo del año que terminó fueron justas en su mayoría. Intentar descubrir la corrupción y llevar ante los tribunales a los sospechosos era justo. Racionalizar el gasto público y buscar cómo cuadrar las finanzas nacionales después del despilfarro descomunal del gobierno de Alemán, era justo también.

El año que comienza y los siguientes tres años, sin embargo, traerán nuevos y grandes desafíos, los que habrá que enfrentar ante la opinión pública y la Asamblea Nacional. Don Enrique y su equipo más cercano, sus principales ministros y sus asesores oficiales, deberán buscar activamente ampliar el respaldo entre los diputados de ese vital Parlamento. Ningún ministro o asesor podrá quedar al margen de esta lucha, porque gobernar es convencer.

Una primera oportunidad, y excelente por cierto, la presenta la inmediata negociación que debe abrirse entre el Presidente y la Asamblea sobre el presupuesto y el veto, Presupuesto que jamás debió haber sido presentado sin el necesario respaldo de un mínimo de 47 diputados, pero que tampoco debió haber sido aprobado sin el debido respaldo del Presidente, responsable constitucional de manejar la economía nacional.

Nicaragua no puede pretender que hay vida fuera del Fondo Monetario, organismo por demás plenamente respaldado por Estados Unidos, Japón y la Unión Europea que son la fuente de la gran cooperación internacional sin la cual, hoy por hoy, no somos viables. Hay que negociar un presupuesto que permita a Nicaragua cumplir con los parámetros acordados por el gobierno con ese organismo, y que permita también satisfacer las aspiraciones de los trabajadores públicos a un mejor salario en este mismo año.

Encontrar una solución dentro de esos condicionantes es el reto que tienen por delante estos dos poderes del Estado de Nicaragua. Soluciones las hay, voluntad para encontrarlas también la debe haber. Nadie ni nada se debe interponer ante esos altos intereses nacionales. Lo contrario sería dañar el derecho del pueblo a un futuro mejor, a un empleo más digno, a una salud y una educación más efectiva y barata.

El Proyecto de Nación del cual tanto se ha venido hablando en los últimos años, esa necesidad de comenzar a ponerse de acuerdo sobre el tipo de país que todos queremos para nuestros hijos y de alcanzar compromisos sagrados que nunca se podrán apartar, debe comenzar con esta precisa negociación.

En ella, el Presidente y su Gobierno por una parte, el PLC como partido de gobierno y ganador en las últimas elecciones, y el Frente y la Convergencia como partido de oposición constructiva, deben deponer intereses de grupo o partido y sujetar todo su accionar al interés nacional que en este caso está claro. Todo indica que ni el Presupuesto puede quedar como fue aprobado, ni el veto como fue redactado, por lo que se impone una solución negociada con la mejor buena voluntad, donde todos se empeñen en quedar bien con Nicaragua, la única que nos debe importar a la hora de comenzar a caminar por los caminos del proyecto de nación.

El autor es ex ministro de la presidencia.  

Editorial
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