Octaviano César Aguirre octocesar @hotmail.com
En referencia al artículo del Sr. Eduardo Enríquez, del 25 de enero 2003, “La última hazaña de los militares”, mi opinión es que el Ejército de Nicaragua es un orgullo y se ha convertido en una de las pocas instituciones que funcionan en este país.
Ha evolucionado de una fuerza al servicio de un partido político a un Ejército que es garante de la Constitución.
Si no fuera por el Ejército seguramente los nicaragüenses estarían enfrascados en una guerra civil; después de todo, no fueron pocas las llamadas al respecto que se hicieron en algunos medios de comunicación durante la crisis recién pasada.
No acepto que se refiera a la Fuerza Aérea y Naval como “triste remedo”. Si no fuera por ese “triste remedo” el narcotráfico internacional tendría copado a Nicaragua. Es increíble que con el presupuesto más bajo de Centro América, menor que el de Costa Rica, los heroicos soldados nicaragüenses se fajen en los mares con carteles que tienen todos los recursos del mundo, y salgan adelante en esa desigual lucha.
El señor Enríquez condena de antemano a los militares por el reporte elaborado en la OEA. Yo pregunto: ¿De qué país son el Secretario General de la OEA y el comandante de la fuerza paramilitar que testifica, y donde sirvió recientemente como embajador el investigador y contra qué país Nicaragua tiene un conflicto en La Haya por robarle parte de su territorio? Es ridículo apoyar un reporte que es a todas luces a favor de Colombia, enemigo verdadero de Nicaragua.
Referente a que el presidente Bolaños tiene miedo, creo que si hay algo que no se puede decir de don Enrique es eso.
El Ejército participa en todas las tareas que menciona don Eduardo, pero hay algo más, mucho más. Mientras los nicaragüenses no aprendamos a ser tolerantes, a creer y practicar la democracia, el principal papel, hoy por hoy, del ejército no sólo es defendernos de nuestros enemigos sino defendernos de nosotros mismos.