Luis PazosAIPE
CIUDAD DE MÉXICO.- A raíz de que varios productos agrícolas se desgravan completamente en el 2003, varias organizaciones campesinas culpan al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá del atraso y pérdida de mercado en el agro mexicano, por lo que piden su renegociación en materia agropecuaria.
En el TLC se pactó la desgravación gradual de miles de mercancías en el sector industrial, minero y agrícola. El sector con más salvaguardas y lentitud en liberación fue el agrícola. Los principales productos agropecuarios, como el maíz y el frijol, no serán desgravados hasta el año 2009.
Si ponemos en una balanza los beneficios y perjuicios del tratado para los trabajadores, la clase media, los consumidores y la economía mexicana son, por mucho, más los beneficios que los perjuicios. Antes del tratado sufríamos un déficit en la balanza comercial con Estados Unidos. A partir del TLC, gozamos de un superávit creciente que en el año 2002 alcanzó unos 30,000 millones de dólares. Tan sólo en las maquiladoras, a pesar de la reciente recesión en Estados Unidos, los empleos crecieron de aproximadamente 500,000 antes del TLC a cerca de 1,100,000 para finales del 2002. Las exportaciones agrícolas son 60 por ciento superiores a las anteriores a la firma del TLC.
El 90 por ciento de los productos agrícolas importados desde el año pasado pagaban ya menos del 3 por ciento de arancel. En el 2003 no habrá un cambio abrupto en el régimen de importaciones de la mayoría de los productos agrícolas y la desgravación agropecuaria ha permitido a millones de mexicanos, entre ellos a los más pobres y a jornaleros, alimentarse mejor por menos y a los agricultores para importar libremente la maquinaria agrícola, lo cual también reduce costos.
El atraso del campo mexicano se originó con la demagógica reforma agraria que sembró inseguridad jurídica y corrupción. Y aunque oficialmente ya terminó en la década pasada, todavía no se generaliza un régimen de propiedad que permita a los campesinos capitalizar sus tierras, asociarse y volverse competitivos. La mejor ayuda del gobierno al campo es reducir más la inflación para que bajen las tasas de interés, una reforma fiscal que permita reducir el precio de los combustibles y una reforma eléctrica que aminore el costo de la electricidad.
Ni el TLC ni los subsidios al agro en Estados Unidos, que en su mayoría no van a productos que compiten con los mexicanos, son las causas reales de los problemas agrícolas mexicanos. Quienes piden la revisión del TLC en materia agraria ignoran el resultado extraordinariamente positivo del tratado o quieren utilizarlo como arma partidista entre las organizaciones campesinas y obtener así más recursos para movilizaciones y campañas en las próximas elecciones. Las manifestaciones y protestas contra el TLC no tienen base económica sólo motivación política.
El autor es Director del Centro de Investigaciones sobre la Libre Empresa. www.aipenet.com