- Ha sido el primer narrador hispano en Grandes Ligas
Tito Rondó[email protected]
René Cárdenas, conocido como “El Chelito”, vive en Houston, pero se encuentra de visita en Miami, y aprovechamos para hablar con él.
—René, cuando empezaste los equipos de Grandes Ligas no tenían locutores en español. Te ganaste ser el pionero en eso, y vivir todos los cambios que han ocurrido.
—Sí, pero hay que aclarar algo. Fui el primer narrador hispano contratado por un equipo de Liga Mayor para el mercado doméstico. No hay que confundir eso con las transmisiones en onda corta como las de la “Cabalgata Deportiva Gillette”, por ejemplo. Y hay que darle el mérito a Walter O’Malley, quien trasladó a los Dodgers de Brooklyn a Los Ángeles, por haber tenido la idea.
—Empezaste en condiciones primitivas, cuando no se le daba mucha relevancia a estas transmisiones.
—Sí, al principio sólo narraba desde Los Ángeles; cuando los Dodgers viajaban hacía traducción instantánea de la narración en inglés. Estuve con ellos de 1958 a 1961 inclusive y nunca viajé. Con los Astros de Houston empezamos a viajar en 1966, pero solamente hacia el Este. Nunca fuimos a California; traducíamos los partidos desde San Francisco, Los Ángeles y San Diego.
Por la diferencia de horas esos juegos eran muy noche y por consiguiente tenían menos audiencia, y la radio consideraba que no valía la pena el gasto. Con los Astros estuve de 1962 a 1974.
—¿Que haces en Houston?
—Jardinear. Descansar. Leer. Leo mucho. Paso muchas horas en el Internet leyendo periódicos y revistas de todo el mundo.
—¿Y con los Astros?
Todos los años firmo un contrato para escribir artículos de fondo para su portal de Internet en español. Tuvimos la suerte el primer año de salir premiados por tener los mejores artículos deportivos en español.
Voy a casi todos los partidos, solamente fallo unos cinco o seis al año. Hago entrevistas, con énfasis en peloteros hispanos. Me siento en el palco de prensa, en el asiento reservado para LA PRENSA (Nota: de Nicaragua), a la que he representado por muchos años.
—Si te tocara escoger una gorra para el Salón de la Fama (Nota: ahora Cooperstown elige por uno), cuál escogerías, la de los Astros o la de los Dodgers?
—Indudablemente escogería la gorra de los Dodgers, es el equipo donde pasé más años.
—Pero me da la impresión que te divertiste más en Houston.
—Sí, y gané más dinero, pero Los Ángeles fue mi primer equipo, y a pesar que estos Dodgers no son ya mis Dodgers.
—Con el traspaso del club de la familia O’Malley a Rupert Murdoch, se perdió algo?
—Se perdió mucho, se perdió tradición. La tradición pesa mucho, los Dodgers le hacían mucho énfasis. Le cuidaban mucho la dignidad al jugador y al empleado. Con las corporaciones se ha perdido calor, y eso los fanáticos lo sienten. Cuando se pierde la tradición se pierde la personalidad.
Cuando los Dodgers eran los Dodgers, todos los peloteros querían jugar con ellos, igual que con los Yanquis de Nueva York. Eso se ha esfumado. Todavía hay equipos que cuidan su tradición, como los Cardenales de San Luis. Tienen porteros que llevan trabajando 50 años en el equipo. Pero ahora eso no existe en las Mayores. Se ha perdido tradición, y no solamente en los Dodgers.
NO VUELVE
-¿Tenes planes de regresar algún día a Nicaragua, a la tierra que te vio nacer?
Sí, pero a visitar solamente. Vivir en Nicaragua, no. -(Nota del entrevistador: los sandinistas le quitaron su casa, su auto, su instalación de radioaficionado, sus libros y sus enseres; y luego con la supuesta democracia el gobierno nunca le devolvió la propiedad y un banco se apropio de ella. Finalmente tuvo que pagar para que le devolvieran su casa, pero estaba en estado ruinoso).
-¿Por qué?
Todos los eventos que yo he pasado me han hecho sentir que no quiero ir a Nicaragua, a pesar que sueño con sus costas, con el Río San Juan, con sus paisajes casi todas las noches. Pero eso no es lo suficientemente fuerte como para hacerme regresar. Nunca le hice daño a Nicaragua, pero Nicaragua me ha hecho daño a mí. Las autoridades nunca me han dicho: “sentimos lo que ha pasado, trataremos de repararlo”.
Hubiera sido lo más lógico.