Los ministros de Estado

Mario Sandoval Aranda

Muchos países deben su grandeza, estabilidad y potencial económico a sus ministros, como Inglaterra a Pitt, Gladstone, Disraeli y Churchill, quien además de estadista era intelectual; fue rector de la Universidad de Edimburgo y Premio Nóbel de Literatura 1953.

Prusia a Bismarck, creador del Imperio Alemán, a Ribbentrop y Goebels, ministro de propaganda y asesor de Hitler en la creación del III Reich. Francia lo debe a Richelieu, Mazarino, y Colbert, en tiempo de los luises, así como a Fouche y Talleyrand, el mago de la diplomacia napoleónica. España a Cisneros, el conde de Aranda, ministro de Carlos III, y Carlos IV, a Godoy y Gaspar Melchor de Jovellanos, a quien el impostor José Bonaparte le ofreció varios ministerios que no aceptó. Y durante la dictadura de Franco a Serrano Suñer. Austria a Metternich, forjador en el Congreso de Viena de 1815 de la paz y prosperidad de Europa hasta la Primera Guerra Mundial. Estados Unidos a Franklin, Jefferson, Monroe con su doctrinas “América para los americanos” y “El destino manifiesto”. La primera para impedir la penetración de las potencias europeas en América Latina, y la segunda para su expansión territorial que lograron plenamente.

En el sistema presidencialista el presidente tiene libertad de nombrar a sus ministros y sustituirlos cuando crea conveniente para el desarrollo de sus programas y estrategias estructurales y políticas, o cuando el ministro no resulte ideal para el cargo. Sólo en el sistema parlamentario, el gobierno lo integran ministros propuestos por los partidos que forman la coalición.

Lo ideal es formar un gabinete tomando en cuenta la capacidad y talento, para ubicarlo en el ministerio acorde con su disciplina profesional; en salud, un médico; en gobernación, un abogado; en construcciones, un ingeniero civil, etc. etc., de lo contrario estará sin argumentos, ante sus asesores, por no tener argumentos de juicio. El talento da olfato, tacto y decisión acertada. Se puede ser egresado de Harvard, Oxford o la Sorbona, pero una cosa es adquirir conocimiento y otra tener capacidad para hacerlos funcionar mediante habilidades extraordinarias. El aforismo español dice que “Lo que natura no da, Salamanca no lo concede”.

Un ministerio clave es Relaciones Exteriores, que presenta el rostro del país. El ministro debe ser hábil diplomático, político sagaz, tener pleno conocimiento de los problemas del Estado a nivel internacional; ya hemos visto con amargura y decepción nacional cómo Nicaragua ha perdido en los foros internacionales sus derechos. ¿Por qué hemos perdido? Simplemente porque no estuvimos bien representados. Según un axioma jurídico “No basta tener el derecho, sino saber pedirlo”. Ahora tenemos los reclamos con Honduras y Colombia, en el Mar Caribe, y siempre el problema del Río San Juan. Corresponde al canciller defender diplomáticamente los intereses y soberanía de la Patria, evitando recurrir a las armas y lamentar lo irreparable.

Uno de los factores que robustecieron la permanencia de los Somoza en el poder fue rodearse de talentos como Modesto Salmerón, Carlos A. Morales, Manuel Zurita, Crisanto Sacasa, Mariano Fiallos Gil, Felipe Rodríguez Serrano, Mariano Argüello Vargas, Lorenzo Guerrero, Alejandro Montiel Argüello, Ramiro Sacasa Guerrero, René Schick, Julio C. Quintana, entre otros. Ahora hay una cantera inagotable de talentos, que no han tenido oportunidad de servir a Nicaragua.

El autor es abogado.  

Editorial
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