Luis Sánchez [email protected]
Desde el 24 de diciembre del año recién pasado, cuando entró en vigencia el Código Procesal Penal, los jueces tienen que cubrirse con una toga y blandir un mazo, al que llaman con el galicismo “mallete” —maillete quiere decir martillo o mazo, en francés—, con el que golpean la mesa para llamar al orden en la sala, dictar sentencia y cerrar audiencia.
La toga, según el Diccionario de la Real Academia Española, es la “prenda principal exterior del traje nacional romano, que se ponía sobre la túnica”. Además: “Traje principal exterior y de ceremonia que usan los magistrados, letrados, catedráticos, etc., encima del ordinario”.
Joan Corominas (Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana) explica que toga viene del latín tôga, y éste de tegêre, que significa cubrir. Por eso en la antigua Roma la palabra toga era sinónimo de cliente y de protegido, y a las cortesanas que eran protegidas por los señores, les decían “togadas. Pero la toga caracterizaba también al ciudadano de calidad.
La toga demostraba, además, las diferencias sociales, pues los ricos las usaban de lana blanca y fina, mientras que las de los pobres eran de tela burda y oscura. Y había la toga “palmada” o picta, que era una bordada de manera preciosa que usaban los cónsules en los días triunfales, y los pretores cuando presidían los juegos en el circo.
En la Edad Media la toga era el traje ceremonial de jueces y catedráticos, y aún hoy lo es en muchos países. En Nicaragua la toga se usa habitualmente en los actos académicos solemnes, como graduaciones y doctorados honoris causa.
En Inglaterra la toga es la vestimenta ceremonial del speaker (presidente del Parlamento), quien también blande una maza que es llevada solemnemente por los ujieres a la sala de plenario o a las de las comisiones.
Cuenta el académico francés André Maurois en su estupenda “Historia de Inglaterra y los ingleses”, que al iniciarse la legislatura el Lord Canciller pide en tono solemne a los parlamentarios que elijan un speaker, el que una vez elegido se pone una toga negra y una peluca blanca y va a la Cámara de los Lores a reclamar en nombre de los Comunes “todos sus antiguos e indiscutibles privilegios, los que inmediatamente se le otorgan”.
Por otra parte, la maza, o mallete como le dicen ahora aquí usando innecesariamente un galicismo arcaico, originalmente fue un arma de guerra y de combate de los gladiadores; después fue la insignia de los “maceros”, o sea las personas que portaban una maza en las procesiones o delante de los altos dignatarios cuando entraban a los lugares de las actividades oficiales. Y posteriormente la maza se convirtió en símbolo de autoridad de los magistrados romanos, que se encargaban de impartir justicia.
Finalmente, dice Corominas que maza se derivó de haz, o ramo, de donde viene que maceta se le llame al tiesto de barro en el que se cultivan algunas flores y plantas.
La tardía adopción en Nicaragua de la maza y la toga como símbolos de la administración de justicia, fue ironizada genialmente por el caricaturista de LA PRENSA, Manuel Guillén, en su caricatura del 26 de diciembre del año recién pasado, en la que dibujó a un dinosaurio vestido ridículamente con una toga, blandiendo un mazo. O sea que la justicia es la misma de antes, aunque la toguen y la “malleten”.