Las autoridades de Seguridad del Tránsito anunciaron que van a tratar —por fin— con mano dura a los buseros y taxistas irresponsables que con sus “accidentes” viales causan más hospitalizaciones, lesiones y muerte que cualquier enfermedad mortífera, como el cáncer o el sida.
Tal como informó ayer LA PRENSA, el jefe de Seguridad del Tránsito, comisionado mayor Manuel Roque, reveló que los “accidentes” provocados por buseros y taxistas aumentaron en más del doble el año pasado, pero que han comenzado a tomar medidas enérgicas para contener esa aciaga tendencia.
Esperamos que sea cierto que a partir de ahora habrá más rigor policial contra los buseros y taxistas que conducen de manera irresponsable, y no una simple promesa obligada por la presión de la opinión pública que ha alcanzado una enorme dimensión en los últimos días. Ciertamente, las denuncias de LA PRENSA y otros medios de comunicación social contra los buseros y demás conductores que causan inmenso daño con los “accidentes” provocados, han trascendido incluso a las cadenas internacionales de televisión que transmiten en español y se ven por medio del cable. Y hasta la forma muy nicaragüense de llamar “buseros” a los conductores de autobuses, se está convirtiendo en una nueva contribución nacional al español que se habla en los países hispanoamericanos.
Este grave problema se complica más porque tiene también una implicación de padecimientos emocionales y desviaciones de conducta de los choferes (sicópatas, los llamó un colaborador de LA PRENSA en un artículo de opinión que publicamos la semana pasada) que manejan los vehículos de manera irresponsable
Al respecto el jefe de Seguridad del Tránsito informó que la irresponsabilidad reinante entre los conductores de autobuses es tal, que de cuarenta de ellos que debían llegar este lunes a someterse a un examen psicológico, sólo se presentaron cuatro, porque los demás amanecieron “enteros”, cual es la expresión popular para decir que se amaneció todavía ebrio después de una fenomenal borrachera la noche anterior. Y agregó el jefe policial que las terminales de autobuses urbanos en Managua se han convertido en centros de consumo de bebidas alcohólicas, y de drogas.
De manera que las soluciones a este grave problema social también son complejas, y comprenden desde la imposición sin contemplaciones de penas de cárcel, suspensiones prolongadas o definitivas de las licencias de conducir y fuertes multas según sean los grados de los delitos e infracciones cometidas; pasando por una efectiva educación vial de los buseros y taxistas, y de toda la población en general, hasta el obligado examen psicológico y el tratamiento psiquiátrico para quienes lo necesitan, que deben ser muchos.
No se debe seguir tolerando que las calles y carreteras sean zonas de extremo riesgo, en las que exponen la vida los mismos conductores, sus acompañantes y los peatones, que también son imprudentes e irrespetan las regulaciones para la seguridad del tránsito.
La educación vial debe llegar a todos los niveles de la sociedad, y hay que hacerla de modo que modifique en realidad la conducta de los conductores y peatones, y que fomente y fortalezca en la población una conciencia sólida acerca de que extremar el cuidado en relación con el tránsito es la mejor forma de que cada uno se respete a sí mismo y respete a sus semejantes. Y esa labor formativa —que debe ser asumida por la Policía en conjunto con el Ministerio de Educación— tendría que ser respaldada por la empresa privada, los organismos de la sociedad civil y los medios de comunicación, lo mismo que por las autoridades municipales. Todos ellos unidos en la voluntad de hacer respetar las normas del tránsito y de sancionar sin miramientos de ninguna clase a quienes las infrinjan.
Finalmente, las autoridades correspondientes no deben ceder a las presiones y amenazas de los transportistas, que quieren seguir actuando de manera irresponsable y además pretenden aumentar las tarifas del transporte urbano de pasajeros.
En vez de someterse a las presiones chantajistas de los transportistas irresponsables (y con el respeto debido a los pocos que entre ellos se comportan correctamente), lo que se debe hacer es aplicarles la mano dura para beneficio de toda la sociedad y en particular de los usuarios.