Mario José Toruño Díaz, víctima de un bus de transporte colectivo. (LA PRENSA/C.Cortez)

Víctima de transportistas vive un calvario

Elízabeth Romero [email protected] Después de siete meses de haber sido arrollado por un autobús de transporte colectivo Mario José Toruño Díaz, aún no supera el problema. Aún le falta la terrible rehabilitación, que le permitirá saber si su pierna derecha le funcionará como antes. Mientras su brazo derecho quedó todo remendado pese al injerto que […]

Elízabeth Romero [email protected]

Después de siete meses de haber sido arrollado por un autobús de transporte colectivo Mario José Toruño Díaz, aún no supera el problema. Aún le falta la terrible rehabilitación, que le permitirá saber si su pierna derecha le funcionará como antes.

Mientras su brazo derecho quedó todo remendado pese al injerto que realizaron los médicos para poder salvarlo de los daños causados por las llantas delanteras del bus que conducía Yaír Francisco Fonseca Bermúdez, en la ruta 113.

“Uh..estoy entero”, comentó el afectado mientras era trasladado de una camilla del hospital Antonio Lenín Fonseca a una camioneta que le trasladaría a su casa en Ciudad Sandino, minutos después que los médicos le retiraron a Toruño los clavos ortopédicos que mantuvo durante los siete meses que significó todo un calvario para él.

Frunce el seño al recordar el accidente que le llevó a mantenerse postrado y sin poder trabajar durante estos meses.

Eran las 6:00 a.m. del siete de junio del año pasado, cuando recuerda iba a subir a la unidad que lo conduciría a su puesto de trabajo de Ciudad Sandino al parque Las Piedrecitas, donde desde hace más de siete años laboraba como limpiador de carros.

“Había puesto un pie, cuando el ayudante dijo: hale”, comentó Toruño que fue todo lo que ocurrió ese día e hizo cambiar su panorama familiar.

El cuerpo de Toruño cayó al suelo, debido a que el bus arrancó sin que él hubiera subido al automotor completamente. La llanta pasó por parte de su cuerpo. “Pasó a un lado y la carne (del brazo), se la molió”, comentó uno de sus vecinos.

El afectado relató que los médicos llegaron a contemplar la posibilidad de amputarle el brazo derecho, debido a que “me cortó todos los nervios con la llanta”.

Ese trágico día recordó el perjudicado que el conductor del bus de la 113 circulaba a toda velocidad porque “venía peleando con el bus de la 72. Venían peleando ruta. Todos los días viven botando gente”.

Ahora el progenitor del perjudicado se vio obligado a buscar un préstamo, para lo cual debió dejar en prenda su casa que le permitiera enfrentar los gastos en que ha incurrido por la enfermedad de su hijo.

“Ya voy gastando unos cinco mil córdobas, tuve que empeñar la casa”, refirió el padre del afectado.

Toruño Díaz relató que después del accidente ha requerido de radiografías las cuales los médicos se las ordenaban de una a tres veces al mes y tienen un costo de 150 córdobas cada uno, lo que es alto para un desempleado. Pero además aún tiene que comprar medicamentos para evitar algún tipo de infección.

UN RIDÍCULO «ARREGLO»

Tras el accidente el conductor del bus de la ruta 113 cuya placa no precisan, el conductor actuó con agilidad y junto a un abogado que contrató envolvieron al padre de la víctima, José Toruño Rivera, quien no sabe leer ni escribir para que aceptara dos mil córdobas y a cambio no efectuara ninguna demanda en contra de ellos.  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí