Julio Ruiz Quezada
Hace 25 años asesinaron a Pedro Joaquín Chamorro y debemos mantener viva su obra y su gesta, especialmente para las nuevas generaciones que no conocieron su pensamiento y su valor o que lo han conocido deformado por los plumarios del sistema corrupto y dictatorial, que combatió hasta su muerte.
Tanto se ha dicho y escrito sobre Pedro, que no pienso caer en el error de repetirlo. Más bien me referiré a una faceta de su obra que casi todos olvidamos, el magisterio de Pedro, quien fue un maestro de la verdad, la que transmitió en forma cruda y descarnada. Su denuncia contra la dictadura dinástica de los Somoza, fue sin tapujos y sin ocultamientos, casi como si no le importaran las consecuencias.
La verdad de Pedro golpeaba y los golpes producidos por el verbo o la pluma, duelen más que los golpes físicos, porque aquellos trascienden. Los golpes que propinó en sus escritos y discursos a los Somoza ya su dinastía todavía perduran; mientras Pedro descansa el somocismo todavía paga por la valiente denuncia de Pedro.
Dejaré que el propio Pedro sea quien dé fe de mi afirmación, transcribiendo párrafos de su editorial publicado en 1962 con motivo del ataque que le hiciera el presidente Luis Somoza, por haber criticado al Tribunal de Jurados que condenó a los héroes de la toma de los cuarteles de Jinotepe y Diriamba. Somoza acusó a Pedro manifestando que éste alababa a la justicia cuando se ponía en libertad a los terroristas, pero que se violentaba cuando se condenaba a los asesinos. El editorial de Pedro se titula “Sin violencia y con razón”, en él escribe: “Don Luis: la responsabilidad de los guardias muertos no es imputable a esos muchachos. Las lágrimas de las viudas de esos guardias no son imputables a los revolucionarios. Sabe Ud., Dn. Luis, ¿a quién deben imputarse? Deben imputarse a quienes han cerrado las puertas de la Patria al cambio pacífico. A quienes dieron el primer golpe de estado contra Sacasa, el segundo contra Argüello”… “si los muchachos que asaltaron Jinotepe hubieran podido elegir un presidente y un congreso en 1957, si todos los muchachos de Nicaragua hubieran podido votar libremente por lo menos una vez en su vida, si todos los rebeldes terroristas, forajidos (como a veces los llama Ud.) locos, etc. de Nicaragua hubieran tenido alguna vez oportunidad de decirle a Ud. en una urna electoral, “váyanse para Dolores, la Fundadora Montelimar, o donde les guste pero deje de estar detentando por la fuerza lo que por la fuerza nos arrancó su padre”, entonces don Luis, no hubiera habido guardias muertos, ni revolucionarios muertos”.
El artículo contiene una interrogación, si Luis Somoza llama asesinos a los que combatieron con armas a otros hombres igualmente armados, “¿cómo llamaría Dn. Luis a los que mataron a Sandino ya hecho reo, a los que mataron a Rito Jiménez a Báez Bone, Pablo Leal, a Juan Ruiz, Ajax Delgado y otros aplicándoles la ley fuga”.
Ante lo contundente de la réplica, el dinasta calló. La repuestas del periodista fue anodadante, valiente y oportuna. Su enseñanza es que nada se puede contra la verdad.
El magisterio de Pedro cayó en buena tierra, su “República de Papel” siguió funcionando, allí estaba Pablo con su intelecto y Violeta con su valor, para continuar su obra. Hubo disidencias, algunos quisieron convertir al periódico en un diario oficial, pero hubo solución, los disidentes formaron un diario que hoy es totalmente independiente ya que siguió la enseñanza de Pedro.
A doña Violeta viuda del mártir y su compañera en la lucha, le tocó demostrar que la valentía paga. Permítaseme una anécdota: el 8 de agosto de 1982 llegó a LA PRENSA co-dirigida por doña Violeta una carta enviada pro su S.S. Juan Pablo II para levantar la moral de los obispos de Nicaragua. La censura férrea a que estaban sometidos los medios impidió su publicación, después de algunas gestiones el censor aceptó publicar la misiva si se permitía anteponer un comunicado del FSLN, el que según doña Violeta era “insultativo y mentiroso. LA PRENSA dejó de circular por tres días y al cuarto Violeta quiso publicar un artículo denominado “La Libertad de Prensa no existe en Nicaragua”, en el que rememorando la lucha de Pedro por la libertad de expresión concluía diciendo que se había traicionado el plan de gobierno y el Estatuto Fundamental, pero además hizo una reflexión basada en el magisterio de Pedro, dijo: cuando el poder acaba con la libertad de prensa y el pueblo lo permite, no sólo se pierde el derecho a quejarse ya protestar o el derecho a ser informado, se permite que el poder público se acreciente hasta convertirse en poder absoluto y por lo tanto la tiranía, la dictadura y la corrupción. Desde luego que la censura impidió la publicación del artículo de Violeta, el que circuló en fotocopias clandestinas de las cuales conservo una en mi poder.
A mi juicio la Escuela de Periodismo debiera iniciar una cátedra sobre Pedro Joaquín Chamorro. Casi toda su obra está reunida y darla a conocimiento en una cátedra universitaria, mejorará la calidad de nuestros periodistas. Un recuerdo a la memoria de Pedro y un sentimiento de solidaridad a sus familias.
El autor es abogado.