- El “Finito” casi 5 años después del derrumbe
Edgard Tijerino M. [email protected]
Cuando alcanzas los más altos niveles de valoración consecuencia de una impresionante superación, nunca olvidas “el peor momento”.
¿Recuerdan a Miguel Ángel estallando de rabia y borrando lo trazado en el primer intento del techo de la Capilla Sixtina?… Cada noche, seguramente, Napoleón no pudo dormir recordando su infernal viaje a Moscú… ¿Y qué decir del brillante escritor norteamericano Norman Mailer, quien hubiera querido no haber escrito su “La costa de Berbería”, por la cual recibió críticas implacables?
Bueno, Ricardo “Finito” López, una especie de “aristócrata” de los cuadriláteros, no olvida su única caída, aquella sufrida en marzo del 98 en la Arena México, cuando fue impactado por un violento y preciso golpe de derecha del nicaragüense Rosendo Álvarez.
Esa noche, el fino estilista mexicano, desde la lona, estuvo viendo por unos segundos, “El mundo al revés”, como diría Eduardo Galeano… Ahí estaba Rosendo convertido en un Minotauro, fiero y ansioso, buscando como empujarlo hacia el fondo del laberinto, pero Ricardo sobrevivió.
“Ciertamente fue un momento terriblemente incómodo… Nunca me habían derribado y consecuentemente, no tenía experiencia en salir de una dificultad como esa… Pero momentos como ese son necesarios para someter a prueba nuestro carácter, para descubrir como lucimos frente a la adversidad. Cuando caí, le pedí a Dios que me ayudara a levantarme y lo hizo. Entonces me dije: vamos, sigue en pie de lucha, tú puedes hacerlo. Y lo logré hasta que llegó el corte”.
En ese tipo de situación, el aturdimiento te impide equilibrarte emocionalmente y coordinar convenientemente tus pensamientos… ¿Qué tan desarmado te sentiste?
“El boxeo es un deporte muy rápido y tienes que reaccionar con prontitud… En una pelea, estás atravesando riesgos constantemente… Antes, había sentido manos muy pesadas, superiores a la de Rosendo, como las de Ohashi, el campeón al que destroné, y Sorjaturong, pero los había sabido manejar muy bien, en cambio, me descuidé con Rosendo, fui muy lento hacia adelante con mi jab, tardé en entrar, abrí el espacio y Rosendo metió su derecha… Después que superé la tormenta, me dije, nunca más volverá a ocurrir”.
¿Fue esa tu gran preocupación en la segunda pelea?
“Mi objetivo era ganar… Quería demostrar que pese a la desventaja de peso, podía derrotar a Rosendo, pero además, que no le ofrecería la mínima posibilidad de volverme a cazar con un golpe así… Fue una pelea durísima y provocó estragos en ambos como un certificado de la bravura y la intensidad, pero en ningún momento Rosendo encontró espacio para su derecha… Y es que uno debe sacar provecho de los momentos difíciles con un buen aprendizaje para no volver a cometer los errores… Eso me dejó satisfecho”.
¿Cómo ubicaste a Rosendo antes de enfrentarlo por primera vez?
“Como un gran peleador. Se trataba de un Campeón que tampoco había sido derrotado y venía de hacer una gran campaña en oriente. Así que, era un riesgo y como tal no podía cometer la imprudencia de subestimarlo, pero tampoco temerle. En un deporte que necesita tantas agallas como el boxeo, no se puede temer”.
¿Qué podía ser lo diferente en una tercera pelea?
“Bueno, los estilos estaban definidos y el ritmo debería ser el mismo. Pero la posibilidad de una tercera pelea nunca existió. Don King me lo hubiera hecho saber”.
Viendo al “Finito” y recordando lo que fue como púgil, uno reactiva su admiración por él… Nietzche decía que el valor del espíritu se mide por su capacidad para enfrentar la crítica, asimilarla y transformarla… El “Finito”, también es un maestro en ese arte.
OTROS CLAVOS
“Hay una gran diferencia entre pegar duro y ser un boxeador complicado. Sorjaturong, es un púgil aguerrido y golpea durísimo pero recibe todos los golpes que le envían, en cambio Rosendo es difícil, porque sabe avanzar, combina sus manos y pega fuerte… Sorjaturong pega más que Rosendo pero no es complicado”.
“La pegada de Ohashi era como la de un peso ligero, Por eso estuve muy atento, moviéndome constantemente, manejando las acciones. Era necesario evitar estar al alcance de sus puños, pero tenía que presionar para conseguir el título mundial en 1990”
¿Qué pasó con Will Grisby?
“Lo que pasó con Grisby es que es un boxeador muy difícil, muy rápido, muy elusivo, y con pegada. Es mucho más rápido que Rosendo y es mañoso, es decir un tanto sucio. Él me corto de un cabezazo intencionalmente, a diferencia de Rosendo que a veces entra con la cabeza sin tratar de hacer daño”.