Pedro Joaquín: Ejemplo de humanismo y honestidad

Edgar A. Castillo (Koriko)

Con motivo de cumplirse hoy el 25 aniversario del asesinato del Dr. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, dedico estas líneas a recordado como el talentoso periodista que durante el tiempo que dirigió LA PRENSA supo imprimirle agilidad, dinamismo y veracidad, hasta convertirlo en el mejor periódico del país.

Sus escritos siempre combatieron a la dictadura somocista y defendieron al pueblo de las injusticias.

Esa fue la lucha diaria del Dr. Chamorro Cardenal con sus contundentes editoriales en defensa de los campesinos, los obreros y de todos los trabajadores.

En LA PRENSA siempre se preocupó por todos sus trabajadores; había estímulos para el que se destacara, y por eso la mayoría de ellos rendía al máximo en el puesto que se desempeñaba.

Como el Dr. Chamorro era humanista, quiso desde el principio (recién llegado yo a trabajar en el Diario como su secretario) dotar de viviendas a sus empleados, y adquirir un terreno para fraccionarlo y repartirlo entre aquéllos, según su antigüedad desde que se fundó el periódico, y así sucesivamente iba a ocurrir en el futuro con los demás empleados.

Lamentablemente esa iniciativa se vino a pique cuando los primeros beneficiados prefirieron que en vez del lote del terreno se les diera el valor en dinero efectivo.

Pensando siempre en el bienestar de sus empleados decidió que de las utilidades que obtuviera la empresa cada fin de año, el 10 por ciento de las mismas fueran distribuidas entre todos los trabajadores que laboraban para LA PRENSA, lo que fue recibido con júbilo y gratitud.

En fin, fue tanto lo bueno que nos legó el Dr. Chamorro, que tendría que escribir demasiado para exponer las muchas obras que llevó a cabo en beneficio de sus trabajadores y de la patria.

En cuanto a sus ideas políticas debo recordar un valioso e interesante editorial que escribió y que considero que siempre es de actualidad. El artículo en cuestión fue titulado “El que pierde”, y dedicado a los políticos que se interesan por llegar a ocupar la silla presidencial sin tener un plan definido, sin un programa concreto para beneficio del pueblo, ni con la voluntad de ponerlo en práctica a la hora de asumir el poder.

Pedro Joaquín en ese editorial dijo: “El que pierde cuando en un país los grupos políticos abandonan los enfoques sociales, para sólo hacer enfoques electorales, es el pueblo”.

¿Por qué decimos esto?, se preguntaba el Dr. Chamorro. Y se respondía que era porque el beneficio del pueblo es que gobierne quien tenga el programa más articulado, un partido o una persona que va a saber qué hacer con el gobierno y desde el gobierno; un partido o una persona que exponga ideas concretas y las hagan discutir entre todos, ideas y programas relativos a la producción, a los salarios, a la asistencia social, en fin a la buena distribución de la riqueza.

Desgraciadamente en Nicaragua hay muchos políticos que se olvidan de esto, o que sólo tienen delante de sus ojos la imagen de una banda presidencial, y dicen —quizás de buena fe— “¡una vez que me pongan esa banda ya van a ver lo que hago!”.

En otra oportunidad el Dr. Chamorro, refiriéndose a la reforma política en Nicaragua, opinaba que ésta “debe comenzar por dejar sentado que el funcionario público (del Presidente para abajo) no puede tener acceso, en su condición particular, a la riqueza del Estado”.

“El funcionario es un administrador a quien se le paga para que administre; el funcionario es un Fiscal que vigila los bienes de una comunidad, absolutamente ajenos a su propiedad; el funcionario es un empleado, que comprometido a dar su trabajo por un salario, no puede percibir, ni indirectamente hablando, más bienes que los derivados del ejercicio de su cargo a través de su salario. El servicio público no es una ganga”.

Luego añade: “Quien acepta una función pública, o bien estima que el salario que le ofrecen es suficiente para llenar sus necesidades o bien se sacrifica por servir a la comunidad aceptando un salario que le conviene, o no acepta servir, porque piensa que la función pública es una carga demasiado gravoso para su bienestar personal”.

“Los funcionarios que tengan esta mentalidad sólo se pueden encontrar a través de una mística que convierta la política en un apostolado, para que deje de ser como es ahora, una ganga”.

El autor es periodista.  

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