La conmemoración del vigésimo quinto aniversario del asesinato del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, que se cumple hoy 10 de enero de 2003, ha demostrado la vigencia de su pensamiento, del ejemplo de su vida y obra y de sus ideales republicanos, democráticos, libertarios y justicieros.
Quien revise parte o la totalidad de los editoriales y discursos del doctor Chamorro Cardenal, necesariamente tiene que ser impactado por la dimensión y profundidad de esos textos, que pareciera fueron escritos ahora mismo sobre los problemas actuales del país y las soluciones que se requieren.
En realidad, como se señala en uno de los artículos que publicamos hoy en el suplemento especial sobre el veinticinco aniversario de la muerte del doctor Pedro Joaquín Chamorro, su sueño y principal objetivo político de establecer en Nicaragua una república democrática, pluralista e independiente, se cumplieron en 1990 cuando triunfó electoralmente la Unión Nacional Opositora (UNO) y asumió la presidencia de Nicaragua doña Violeta Barrios de Chamorro.
Sin embargo, las componendas en el poder, los chantajes de una oposición radical y violenta, y finalmente el pacto libero-sandinista de 1999 y la reforma constitucional del 2000, desvirtuaron a la incipiente república democrática y pluralista que se estableció en 1990 después y como consecuencia de incontables esfuerzos y sacrificios. De manera que la libertad de expresión y de prensa y esta República de Papel quedaron como el único baluarte republicano, pero no por benevolencia de los pactistas sino porque no la han podido avasallar y los ciudadanos la han sabido defender.
En estas circunstancias, la conmemoración del vigésimo quinto aniversario de la muerte del doctor Chamorro se convierte en una apropiada oportunidad para que los nicaragüenses genuinamente demócratas, republicanos, libertarios y justicieros, retomen la bandera auspiciosa de su pensamiento y ejemplo, que están vivos y actuales hoy como en tiempos de la dictadura dinástica somocista cuando él vivió, pensó, luchó, amó y se sacrificó.
Al respecto debemos reconocer que en cierto modo tiene razón un alto funcionario del Gobierno actual, que en el suplemento especial sobre el doctor Chamorro Cardenal que publicamos en nuestra edición de hoy asegura que el Presidente Enrique Bolaños es igual o se parece mucho por sus principios, conducta y propósitos políticos, al Mártir de las Libertades Pública de Nicaragua. En efecto, algunos valores y objetivos que predica el Presidente Bolaños, como la no reelección presidencial, la alternabilidad en el ejercicio de la función publica, el apartidismo de las instituciones, la justicia independiente, la separación de los poderes del Estado, la integridad de los funcionarios y del servicio gubernamental, forman parte de la herencia doctrinaria y política del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.
Sin embargo las ideas, la práctica política y la vida personal del doctor Chamorro Cardenal eran absolutamente coherentes con sus sólidas convicciones éticas y sus incondicionales principios morales. Quienes conocieron personalmente al doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y/o conocen su pensamiento recogido en diversos libros como “Estirpe sangrienta: Los Somoza”; “Diario de un Preso”, “5 en punto”, “La Patria de Pedro”, y otros, no lo podrían imaginar recibiendo y disfrutando una pensión estatal vitalicia jugosa a la que éticamente no tuviera derecho aunque la ley se la permitiera, ni lo hubieran podido ver autorizando y recibiendo megasalarios, en un país en el que apenas se produce para sobrevivir y donde la mayoría de la población sufre toda clase de privaciones y se debate entre los límites de la pobreza y la miseria.
En resumen, para el Dr. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal la república democrática, pluralista, justa y libertaria tenía que ir acompañada de una profunda, auténtica e irrenunciable revolución moral, que para él debía ser la primera de todas las revoluciones.
“Mientras las regalías sigan siendo vistas como un asunto normal —escribió el doctor Chamorro—mientras el erario sea considerado como una gran cartera capaz de cubrir cuantos cargos imaginarios se inventen, aumentando así una burocracia ociosa y petulante, que consume las energías de quienes producen, y resta ingresos al fisco, no podremos progresar al ritmo acelerado que exigen nuestra explosión demográfica, y la competencia por un mejor nivel de vida, impuesta a nuestra existencia de país pequeño, por consideraciones de orden moral universal”.